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jueves, 14 de septiembre de 2017

Chavales: hora de limitar el uso del móvil (y II)

En la anterior entrada sobre este tema dábamos pistas sobre comportamientos que, en niños y adolescentes, no pueden indicar un uso excesivo de los dispositivos electrónicos, y de la necesidad de establecer reglas para que limiten dicho uso, en especial ahora, que terminan las vacaciones y vuelven las "obligaciones". Muchas de estas reglas surgen simplemente del sentido común como respuesta a la necesidad de fijar límites. Lógicamente, los niños y adolescentes al principio se rebelarán contra estos límites, pero si los hemos establecido con cabeza, acabarán aceptándolos y beneficiándose de ellos.

Deberíamos intentar que los menores consigan:

  • Un tiempo para cada cosa: la hora de los deberes no es para leer whatsapps, ni la hora de dormir es para ver vídeos en la tablet. La hora de comer o cenar en familia es la hora de hablar, comentar lo ocurrido en el día, conocerse, incluso discutir (educadamente). Así mismo, la hora de relajarse y jugar con el móvil es hora de eso, no de hacer otras muchas cosas a la vez. Hacer varias cosas a la vez, cuando no es necesario, puede perjudicar a su capacidad de concentración y facilitar la dispersión, puesto que no pasan mucho rato en ninguna actividad, sino que cambian constantemente de una a otra y luego otra... Así, en el campo se la Psicología se habla de la "monkey mind", como si nuestra mente fuese precisamente un mono inquieto que salta de un árbol a otro y es incapaz de estar un rato parado y concentrado en una actividad concreta.
    Imagen de New York Metro Parents
  • Un lugar para cada actividad: la cama de un niño o adolescente es para dormir, no para acostarse con el móvil o la tablet en la mano. Porque es fácil que acaben perdiendo horas de sueño, que al día siguiente afectarán a su concentración, rendimiento escolar e incluso estado de ánimo (cansancio, mal humor, etc.).
  • El móvil sirve para muchas cosas, pero...: recomendamos que tengan un despertador y una calculadora. Ya sabemos que el móvil tiene calculadora y la necesitan, por ejemplo, para los deberes de "mates". Y también puede usarse como despertador. Pero además tiene muchas otras funciones y, si queremos que el tiempo de deberes sea tiempo de deberes y el de dormir, para dormir, es mejor evitar la tentación de dejar a su alcance un móvil encendido mientras estudian o duermen.
  • Internet, a la vista: el ordenador principal de la casa debe estar en un lugar común y a la vista de los padres. Navegar en Internet para hacer las tareas o ampliar conocimientos no puede ser un pretexto para perderse por vete a saber qué páginas. Igual que ayudamos a los bebés a que empiecen a andar y luego a que, de niños, aprendan a andar en bicicleta, también necesitan ayuda para aprender a desenvolverse adecuadamente en un mundo digital que, además de ser en muchos aspectos maravilloso, es potencialmente peligroso.
  • El control parental, con respecto a los derechos de los menores, es no solamente una potestad, sino también un deber de los padres o tutores legales. El derecho a la intimidad no puede implicar que nos desentendamos totalmente de los posibles riesgos.
Con todo esto y después de haber observado atentamente durante unos días el uso de los menores hacen de los dispositivos móviles, es hora de establecer unas reglas que limiten y racionalicen su uso, para que su experiencia sea enriquecedora y carente de riesgos. Para ello, conviene hablar con ellos, de manera que se pueda llegar a un acuerdo, en la medida de lo posible. Pero dejando claro, si no hay acuerdo, que las normas las ponemos los adultos y queremos que, al menos, las entiendan y las cumplan. Y que las cumplan. Para ello, debemos fijar claramente las consecuencias del incumplimiento de esas normas, porque no sirve marcar unos límites si, cuando los transgreden, no pasa nada. Aunque el objetivo no debe ser castigar por castigar, sino corregir comportamientos inadecuados para ayudar a que lleguen al comportamiento adecuado.

Conviene también poner las normas y acuerdos por escrito, para que no se olviden, ni se relajen o se vayan modificando involuntariamente con el tiempo. Una buena forma es redactar una especie de contrato, que firmarán el padre y/o la madre, y los menores. Para los menores de 13 años la Policía Nacional propone que los padres y el menor firmen contrato dentro de un pacto familiar para el buen uso (seguro) de la Red y el móvil, que puedes ver aquí. Puede ser un buen punto de partida, aunque, para niños de menos edad, es recomendable simplificarlo para que sea más comprensible.

Por su parte, la Asociación Americana de Pediatría propone la creación de un "plan familiar para el consumo mediático" que se puede realizar utilizando su herramienta online (en español)[]. Entre las propuestas para adolescentes (13-18 años) señalan:

  • Crear zonas sin pantallas, como la cocina o el comedor, donde se realicen las comidas y cenas o reuniones familiares, totalmente libres de móviles y otros aparatos.
  • Que los dispositivos se recarguen en el dormitorio de los padres o en otras zonas comunes, pero nunca en el dormitorio de los adolescentes.
  • Crear horarios sin pantallas, como las comidas
  • Evitar usar dispositivos móviles o ver la televisión como mínimo una hora antes de dormir. Tampoco durante el tiempo de familia, en la escuela, mientras se hacen los deberes, mientras se cruza la calle, ni en el coche (excepto durante trayectos largos, siempre que, evidentemente, no se sea el conductor).

Algunas propuestas, como la de no usar el móvil durante los trayectos cortos en el coche, pueden ser discutibles, pero la mayoría son, simplemente, de sentido común. En todo caso, no podemos olvidar la importancia del ejemplo y, si queremos que nuestros hijos compartan con nosotros algún rato, sin las constantes interrupciones de sus móviles, hagamos lo mismo con el nuestro y apaguémoslo cuando ellos lo hagan. Entre todos es más fácil conseguir que los menores usen los dispositivos electrónicos para su beneficio, alejando los posibles riesgos.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Chavales: hora de limitar el uso del móvil (I)

En la anterior entrada de nuestro blog ya comentábamos que las vacaciones (y especialmente las de verano, por ser más largas) son más proclives a que el abuso de dispositivos móviles se intensifique, pues no hay tiempo de clase o trabajo, ni tareas, ni actividades extraescolares y las reglas son mucho más relajadas. Y los padres también están de vacaciones y, en muchos casos, menos pendientes del tiempo que pasan sus hijos delante de las pantallas, lo cual es, en cierto modo, lógico. Pero en bastantes casos el uso que han estado haciendo de los dispositivos electrónicos ha sido excesivo, y en algunos casos puede cruzar la barrera de lo adictivo.

La afirmación que acabamos de hacer no es gratuita. Algunos estudios que se han llevado a cabo recientemente han demostrado que los smartphones, tablets y videoconsolas afectan al córtex frontal del cerebro (que interviene en las funciones ejecutivas y el control de impulsos) de la misma manera que la cocaína, y también elevan los niveles de dopamina. Por ello, algunos investigadores llaman a las pantallas "cocaína electrónica" o "heroína digital". 

Sin embargo, las vacaciones terminan y se va acercando el momento de comenzar el curso, con todo lo que conlleva en cuanto a deberes, horarios de estudio, descanso y también sueño. Así que nos planteamos la necesidad de que los niños y adolescentes se "desenganchen", al menos un poco, del móvil y limiten su uso para aprovechar mejor el tiempo. Pero, ¿cómo lo hacemos? No es tarea fácil, porque es mucho más agradable pasar el rato chateando por Whatsapp o comentando fotos de la pandilla en Instagram.
Imagen de Dreamstime.com

Lo primero que tenemos que observar es el grado de dependencia que nuestro hijo o hija (no es exclusivo de los chicos) tiene a las pantallas, principalmente al móvil. Si está nervioso, deprimido, desganado o irritable cuando no esta delante de una pantalla, el asunto empieza a ser preocupante y si tiene reacciones violentas cuando intentamos que lo deje, te recomendamos consultar con un especialista cuanto antes. Otros comportamientos a los que debemos prestar atención son:
  • la búsqueda compulsiva de redes wifi o cobertura cuanto está fuera de casa, 
  • usar el móvil mientras hace otras cosas, como estudiar, deberes, etc.
  • usarlo constantemente cuando está con amigos, come o cena...
  • mentir sobre el tiempo que pasa conectado
  • empeñarse en llevarse el móvil a su habitación a la hora de dormir
  • preferir las relaciones virtuales a las reales
  • abandonar otras actividades que antes le gustaban, como el deporte, grupos infantiles o juveniles, leer, etc.
Cuantos más comportamientos de los anteriores detectes, más necesaria es la ayuda de un profesional. Si no lo consideras tan preocupante, en cualquier caso es necesario limitar el tiempo de uso y establecer reglas que eviten que el problema empeore. Y hacerlo lo antes posible, para evitar que su vida escolar, personal, familiar y social se vea perjudicada. De ello hablaremos en la próxima entrada de nuestro blog.

viernes, 11 de agosto de 2017

Estas vacaciones toca... Aburrirse!!!


Desde hace tiempo venimos hablando en este blog del excesivo uso que, con bastante frecuencia, hacen los niños y adolescentes de los dispositivos móviles (smartphones y tablets sobre todo), que los lleva a estar permanentemente hiperconectados y pendientes, prácticamente en exclusiva, de las pantallas, en lugar de las personas, los paisajes u otras actividades que a priori podrían ser interesantes, pero que, para ellos, carecen de aliciente.

Últimamente se habla del FOMO (Fear of Missing Out) y el FOBO (Fear of Being Offline), el miedo a perderse algo o a estar desconectado, que los lleva a esa hiperconexión, a esa necesidad de estar comprobando las redes sociales, contestando mensajes de Whatsapp, comprobando sus páginas de Facebook, Instagram, Snapchat, Twitter, etc., y, además, a depender en exceso de la aprobación de los demás, para lo cual comparten constantemente fotos, vídeos y comentarios, buscando los ansiados "likes" (dando, con frecuencia, más datos personales e imágenes de lo que sería recomendable).

Por otra parte, las vacaciones (y especialmente las de verano, por ser más largas) son más proclives a que el uso de dispositivos móviles se intensifique, pues no hay tiempo de clase o trabajo, ni tareas y las reglas son mucho más relajadas. En esta entrada de nuestro blog hablábamos también de la comodidad de algunos padres por tener a sus hijos cerca y entretenidos con el móvil. Da menos trabajo tenerlos sentados al lado sin moverse, mirando el móvil, que estar pendiente de si se alejan con el balón o se caen de la bici, o molestan a los demás... Hace años las famosas dos horas de espera para hacer la digestión antes del baño eran una auténtica tortura, tanto para los niños, que se pasaban las horas preguntando "¿Me puedo bañar ya?" como para los padres, que tenían que contestar la misma pregunta cien veces. Ahora ese rato se hace mucho más llevadero: un par de horas con el móvil o la tablet y solucionado.
Imagen de Shutterstock

Y es que muchos chavales protestan constantemente si no tienen delante una pantalla: "Me aburro". Pues este verano, estaría bien que se aburriesen algún rato que otro. Porque aburrirse tiene algunos efectos muy positivos para la maduración de niños y adolescentes.

No nos referimos, por supuesto, a un aburrimiento tedioso día tras día y hora tras hora, pero sí a un rato de aburrimiento de vez en cuando, que les puede ayudar a:

  • Mirar hacia dentro (en lugar de estar pendientes de estímulos externos), pensar, analizar sus propias emociones y sus sentimientos.
  • Desarrollar su creatividad imaginando formas de superar ese aburrimiento, inventando situaciones e historias...
  • Realizar otras actividades que pueden no hacer habitualmente, como jugar, hacer deporte, leer, disfrutar de la naturaleza, etc. (lo cual también ayudará a mejorar su salud).
  • Potenciar su autonomía, al propiciar que encuentren sus propias soluciones a ese aburrimiento.
  • Estrechar las relaciones sociales reales con amigos, familiares, otros niños o adolescentes que no conocían...
  • Descubrir cualquier otra actividad (sana y segura) que se les ocurra.

Por eso, nuestra propuesta para lo que queda de verano y para futuros fines de semana, vacaciones, etc., es dedicar un rato diario al "apagón tecnológico", durante el cual tendrán que prescindir (y nosotros con ellos, pues el ejemplo es muy importante) de todas las pantallas. Así les daremos la oportunidad de aburrirse y, también, de encontrar salida a ese aburrimiento. Al principio tal vez tengamos que sugerirles actividades, pero conforme se vayan descubriendo que se pueden hacer muchas cosas divertidas e interesantes sin móvil, nos costará menos trabajo que sepan gestionar de manera positiva sus ratos de aburrimiento. Debe quedar claro que sugerir, orientar o aconsejar no significa entretener: lo importante no es que entretengamos a nuestros hijos si están sin móvil, sino que ellos aprendan a entretenerse. Se trata de que piensen, imaginen y hagan por sí mismos. Y nosotros también nos beneficiaremos de algún rato sin pantallas, pues el aburrimiento es bueno también para los adultos.

¿Y durante cuánto tiempo? Pues cada familia tiene que decidirlo, pero creemos que, para empezar, un mínimo de una hora al día sin pantallas estaría bien. De todas formas, si dedicamos un día a cronometrar los ratos que realmente pasan nuestros hijos delante de una pantalla (sin que ellos se den cuenta), sabremos si su nivel de dependencia requiere una intervención inmediata, e incluso ayuda profesional.

En todo caso, ya sabes, si quieres que estas vacaciones sean inolvidables para tus hijos, ayúdales a que se aburran un poco.

domingo, 15 de enero de 2017

De niño mimado a tirano (y III): ¿Y si ya lo tenemos en casa?

En De niño mimado a tirano (I) hablábamos sobre las características de aquel y en qué momento traspasa el límite y se vuelve un tirano. En la segunda entrada sobre este tema tratábamos de dar pautas para evitar que se produzca esa transformación. Ahora tenemos que hablar de qué hacer si el niño ya es un tirano, si ya lo tenemos en casa y estamos, o él cree que estamos, bajo su dominio.

Cuando el niño o adolescente ha empezado a ejercer cierta violencia filioparental, ya sea psicológica, o incluso física, es evidente que hay que hacer algo. Y hacerlo pronto. Gritos, golpes o patadas a las puertas, sillas y otros muebles, dan paso a insultos, amenazas y pueden llegar a las agresiones físicas. Y son, por tanto, los primeros indicios inequívocos que de hay que actuar. Como ya dijimos anteriormente, el problema es serio. Según la Fiscalía General del Estado, se estima que en 2014 el 9% de los padres había sufrido alguna agresión física de sus hijos y cerca del 40%, violencia verbal o emocional. Y las más de 10.000 denuncias que, según algunas fuentes, se produjeron en 2015 por casos de violencia filioparental son la prueba de que es necesario hacer algo cuanto antes, para evitar llegar a estos extremos.

Imagen de es.123rf.com
Lo primero que tenemos que admitir es que la situación no va a mejorar por sí sola. El niño no va a madurar de repente, no va a volverse respetuoso y responsable de la noche a la mañana porque sí. Muchos progenitores se refugian pensado que son solamente signos de inmadurez, que hay que esperar y darle tiempo. Pero no es cierto. ¿Por qué habría de cambiar un niño al que así normalmente le va bien? Aunque tenga broncas y enfrentamientos, suele conseguir bastante de lo que persigue: le dan todos sus caprichos (o la mayor parte) y no le exigen responsabilidades. Así que, ¿para qué cambiar? Pero, tanto para su educación, como para la dinámica familiar, es imprescindible poner remedio a esta situación.

Lo segundo que debemos aceptar es que, si se ha llegado a estos extremos, muy posiblemente no seamos capaces de arreglarlo nosotros solos. En la mayoría de las casos hace falta pedir ayuda a un especialista, normalmente psicólogo o psicóloga con experiencia en niños, adolescentes y terapia familiar, que podrá orientarnos y realizar las oportunas intervenciones, las cuales habitualmente exigirán la implicación de toda la familia, pues quien está afectado no es sólo el niño, sino toda la unidad familiar. Y es posible que se haya llegado a esa situación límite, no sólo por el comportamiento de niño tirano, sino por la respuesta de los demás miembros de la familia a las constantes demandas de ese niño. Si no conocemos a ningún psicólogo especializado en estos temas, es muy posible que nuestro médico de familia pueda orientarnos para encontrar a la persona adecuada.

También es importante convencerse (a ello nos ayudará el especialista) de que no se trata de buscar culpables, sino soluciones. No es infrecuente que surjan tensiones entre los miembros de la pareja, sobre la actuación de uno de ellos en la educación del hijo: "Le has consentido demasiado, tenías que haber hecho esto o lo otro, lo has mimado mucho..." Eso sólo agrava las tensiones familiares y empeora el día a día, además de que normalmente no es cierto, pues estos casos no suelen ser responsabilidad de una sola persona. Así que, insistimos, no debemos buscar culpables, sino soluciones. El especialista nos ayudará a identificar las causas y, sobre todo, a encontrar las respuestas que debemos dar a las distintas situaciones que se nos vayan planteando en esta etapa de cambio y mejora.

Y, una vez hemos decidido hacer algo y pedir ayuda, debemos aceptar que no hay soluciones inmediatas y armarnos de paciencia, pues normalmente este problema se ha ido gestando a lo largo de años y la intervención familiar llevará tiempo. Con suerte, sólo unos meses, pero es posible que más. Además de esa paciencia también tendremos que mantenernos firmes: los cambios y actuaciones en que nos vaya guiando el especialista tienen que ser un compromiso a largo plazo. Normalmente las primeras semanas serán difíciles, pues el niño tirano verá amenazado su estatus y puede reaccionar enérgicamente. Pero, si nuestra respuesta es firme y decidida, acabará por ir modificando sus exigencias y adaptándose a una nueva dinámica familiar en la que ganará él y todo su entorno cercano.

Por último, en casos extremos, no quedará más remedio que pedir ayuda a los servicios sociales. Aun cuando pudiera parecer una solución impropia de unos padres o un fracaso, lo cierto es que, a veces, es la última salida para conseguir el bienestar de todos: el niño y sus familiares. Y para evitar llegar a ella es muy importante actuar cuanto antes, con decisión y acudiendo a quien pueda facilitarnos el proceso. No olvides que pedir ayuda no es una declaración de debilidad, sino un acto de valentía.

Área de Psicología - Clínica Panaderos

jueves, 22 de diciembre de 2016

Navidad, niños y alcohol: por un poco, sí pasa

Últimamente estamos recibiendo cantidad de noticias relacionadas con los preadolescentes y el consumo de alcohol, en el cual se van iniciando a edades cada vez más tempranas. A la desgraciada noticia de la muerte de una niña de 12 años en un pueblo de Madrid el pasado 1 de noviembre han seguido otras de menores de edades similares en estado grave, después de participar en botellones y actividades de ese estilo, normalmente durante su tiempo de ocio. 

Por otra parte, estas fiestas que empiezan a menudo vienen acompañadas por el consumo de alcohol, frecuentemente en cantidades considerables, durante las reuniones familiares. Empezamos con una cervecita con las tapas, seguimos con el vino blanco para acompañar el marisco y/o pescado, después el tinto con la carne, luego -si se tercia- un oporto u otro vino dulce con los turrones y, después, el champán para brindar. Más tarde, con la sobremesa, todavía pueden caer unos chupitos o un gin-tonic.

Los niños, incluso de pocos años, participan de ese ambiente y no es raro que, en el momento culmen del brindis tras las uvas, pidan un poquito de champán para brindar ellos también. Y tampoco es raro que algún miembro de la familia diga: "Por un poco, no pasa nada", y se lo dé.
Imagen de 123rf

Pero por un poco, sí pasa. En primer lugar, el efecto del alcohol en los niños es mucho más grave que en adultos, pues tanto su cerebro como otros órganos, especialmente el hígado, están todavía en proceso de formación, por lo que son mucho más vulnerables a su ingesta. Pero, al ser éste un consumo esporádico y en muy pequeñas cantidades, no es lo que más nos preocupa. Lo peor de esta permisividad es reforzar en los niños las ideas de que, para divertirse, hay que beber y de que, en ocasiones especiales, está permitido hasta para ellos. Además, el interés que normalmente tienen los pequeños por parecerse a los mayores, por hacer lo que hacen ellos y ser como ellos en este caso, desde luego, no ayuda.

Por eso, te deseamos muy felices fiestas y este año te recomendamos que, si consumes alcohol durantes las celebraciones, lo hagas con moderación y que no ayudes a los niños a iniciarse en su consumo. Porque por un poco, sí pasa.

Felices fiestas y un año nuevo lleno de salud, alegría y bienestar

Dr. J.M. López Matía
Director médico de Clínica Panaderos
Cuídate y déjanos cuidarte

domingo, 11 de diciembre de 2016

De niño mimado a tirano (II): ¿cómo evitarlo?

En nuestra anterior entrada hablábamos sobre los niños excesivamente mimados, que pueden convertirse en tiranos, y dejábamos dos cuestiones pendientes: ¿Cómo evitamos llegar a este extremo? ¿Y qué hacemos si ya nos encontramos en él?

En el caso de la primera, las propias características de un niño excesivamente mimado nos dan las claves sobre cómo evitarlo.La primera de ellas, reclamar constantemente la atención de los demás puede indicar un excesivo egocentrismo, así como cierta inseguridad personal: necesita que todos estén pendientes de él, porque él es lo más importante (incluso lo único importante) o porque no se siente arropado, valorado, atendido debidamente. Lo peor que podemos hacer es incrementar nuestro nivel de atención hacia él: no se trata de cantidad, sino de calidad. Debe aprender que no es nuestro único centro de atención, aunque sea muy importante para nosotros, que tenemos que (o queremos) ocuparnos de otras personas y asuntos. Habrá que hacerle entender que, aunque no estemos constantemente pendientes de complacerlo, eso no significa que no nos importe.

Su baja tolerancia a la frustración (que puede dar lugar a los frecuentes episodios de enfado y ansiedad) es otra de las características en las que habrá que trabajar. A muchas personas, tanto niños como adultos, les cuesta entender que las frustraciones se van a presentar antes o después en la vida y, probablemente, se presentarán muchas más veces de las que pensamos. No podemos permitirnos evitárselas siempre mientras son pequeños, porque en algún momento se encontrarán frente a una situación frustrante ante la cual no dependa de nosotros "salvarlo" (un suspenso, un juguete de otro niño, un viaje que no puede o no podemos hacer, un móvil caro que no podemos permitirnos comprar...) y será mucho peor: pueden llegar a causarle grandes sufrimientos y reacciones desproporcionadas. El niño no puede huir siempre de la frustración, tiene que aprender a superarla. Para ello, deberá comprender que hay situaciones que no están a nuestro alcance para las que la única salida es la aceptación. Y habrá otras que pueda superar pero cambiando su estrategia, modificando su comportamiento, lo cual requerirá que reflexione (para lo cual, según su edad, puede requerir nuestra ayuda) y actúe en consecuencia. Por ejemplo, si se enfrenta a su primer suspenso, tendrá que saber en qué ha fallado, pensar cómo va a cambiar su forma de enfocar el estudio de esa asignatura, y luego actuar de acuerdo con ello. Nuestra labor como padres podrá centrarse en dotarlo de las herramientas para aceptar o superar la frustración, pero es nuestro hijo quien tiene que afrontarla.

Otro de los aspectos del niño mimado, la baja empatía, no es algo que pueda corregirse fácilmente. Lo mejor es trabajarlo desde que son pequeños, aunque más vale tarde que nunca: aprender a hablar de sus sentimientos, así como oírnos hablar de los nuestros le ayudará a identificar emociones, tanto positivas como negativas en él mismo y en los demás, lo cual es un primer paso importante para "ponerse en el lugar del otro", para entender qué siente y analizar por qué. Difícilmente podrá reconocer los sentimientos de otras personas si no es capaz de identificar los suyos y expresarlos adecuadamente.

Recoger también es tarea suya - Imagen de 123rf
En cuanto al desafío constante a las normas, que considera externas a él, hay que insistir en la necesidad de que el niño reconozca y respete las normas desde pequeño. Esto tiene dos vertientes: el conocimiento de las normas y de las consecuencias que tiene no respetarlas. En cuanto al primer aspecto, las normas, excepto en casos de familias monoparentales, deben ser acordadas entre los padres y explicadas adecuadamente al niño. Y es fundamental mantener el acuerdo, de manera que el niño no se aproveche de la persona más flexible, para pedirle a ella permiso y luego utilizarlo como pretexto ante la otra persona. Además deberán estar adaptadas a su edad, siempre fáciles de comprender e inamovibles (salvo en casos muy especiales). Y también deberemos hacer partícipes de ellas a otras personas que cuiden al niño o niña: abuela, tíos, una canguro o  empleada doméstica... En caso de los abuelos y tíos, especialmente los primeros, suelen ser más permisivos, pero tendremos que acordar con ellos unos límites que no se deben traspasar. Y conviene incluir entre las normas alguna que se refiera a su participación en las tareas del hogar, siempre adecuada a su edad, pero que le ayudará a educarse en la responsabilidad, sin contrapartidas innecesarias.

La segunda vertiente de las normas implica las consecuencias que tiene no respetarlas. Lo más sensato es, cuando expliquemos al niño una norma, explicarle la consecuencia de su incumplimiento, que se deberá haber fijado con antelación. Los castigos impuestos en caliente, y menos en medio de una discusión acalorada, frecuentemente no son proporcionados, ni adecuados para corregir la actitud inapropiada. Y es muy importante no amenazar con castigos que no vamos a cumplir. Lo de "como no dejes ya la videoconsola" te la voy a quitar para los próximos seis meses" puede ser desproporcionado y generalmente al final vamos a ceder y no lo vamos a aplicar. Es mejor fijar el tiempo que puede jugar a los videojuegos diariamente y, si un día se pasa, descontarle el tiempo al día siguiente: "Ayer tenías 45 minutos de juego y estuviste una hora y cuarto, así que hoy sólo te quedan quince minutos". Y cumplirlo a rajatabla, a pesar de sus protestas y su berrinche. Así irá aprendiendo que incumplir las normas no trae cuenta.

Un último aspecto importantísimo que los adultos tenemos que saber acerca de las normas es que no es necesario, ni apropiado, negociarlas todas con el niño. Algunas se pueden negociar, como la mejor hora para estar un rato jugando con el móvil o la tableta, pero no el tiempo máximo de uso, que es algo que debemos fijar los mayores con sentido común. Las normas que establecemos los adultos son por el bien del niño y de toda la familia y muchas de ellas no tienen por qué estar sujetas a un juego de negociación. Por mucho que el niño no esté de acuerdo. Y tampoco entraremos en un "si tú me das, yo te doy", del estilo de: "Hago los deberes si me dejas un rato más con el ordenador". Los deberes hay que hacerlos y punto. Y el tiempo máximo de ordenador ya debería estar establecido y ser respetado. Negociar determinadas normas importantes con un niño pocos años supone asignarle una responsabilidad que, por su corta edad y su escasa experiencia vital, no está en condiciones de asumir.

Para la próxima entrada dejamos el tema de qué hacer si ya nos encontramos ante un niño tirano.

Área de Psicología - Clínica Panaderos


sábado, 26 de noviembre de 2016

De niño mimado a tirano: ¿dónde está el límite?

Educar a los hijos es, sin duda, una labor difícil. No siempre se puede encontrar el equilibrio entre autoridad y libertad: hasta dónde debemos permitir y dónde están los límites adecuados. Últimamente se oye mucho el término "sobreprotección", con toda la carga negativa que conlleva. Es indudable que queremos proteger a nuestros hijos, que no les ocurra nada malo, evitar peligros, disgustos y malos ratos. Pero evitarles todo lo negativo, ¿va a hacer de ellos personas más responsables y capacitadas para enfrentarse a la vida?

Por otra parte, la baja natalidad en España en los últimos años muestra una consolidación en la tendencia del hijo único, lo cual ayuda a que, en muchos casos, el niño o la niña reciba toda la atención, todos los cuidados, todos los mimos y todos los recursos de su unidad familiar y que crezca siendo el centro de ella.

Otro aspecto a considerar es el retraso de la maternidad en España. Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de mujeres de más de 35 años. En 2012 hubo el triple de embarazos en mujeres de más de 40 años que en 2000. Y la tendencia, con el desarrollo de las técnicas de fecundación asistida, va en aumento. Aunque no vamos a entrar en las posibles causas y consecuencias, es indudable que en pocos años veremos (ya estamos viendo) padres y madres de hijos adolescentes, con edades cercanas a los 60 años, edad a la que no siempre se tienen las fuerzas para enfrentarse adecuadamente a los conflictos y dificultades que frecuentemente surgen con los hijos en esta etapa, sobre todo, si se ha ido postergando la tarea de inculcar la necesidad de unas normas y la educación en la responsabilidad y el respeto.

Imagen de Dreamstime.com
Paralelamente, en nuestro país se está incrementando el número de agresiones de menores a sus padres. Según el estudio  de The Family Watch "Menores violentos ¿Un tema menor? Violencia filioparental y uso indebido de la tecnología", presentado en junio de este año, la violencia ejercida por los hijos menores de edad sobre sus padres ha aumentado un 223 por ciento en España desde 2007 a 2014.

Entonces, ¿cómo puede ser que muchos niños y adolescentes (sin querer generalizar) estén mejor atendidos, mejor cuidados, mejor protegidos que nunca y, sin embargo, se produzcan más agresiones y malos tratos hacia los padres que nunca? Aunque no es una respuesta sencilla, ni tiene una causa única, en nuestra opinión algo tiene que ver en ello: "más" no siempre quiere decir "mejor". En otras palabras: dar a los hijos todo lo que quieren no implica que eso sea lo que necesitan, ni lo que les conviene.

Volvamos, entonces, al título de la entrada: ¿Dónde está el límite entre un niño mimado y un tirano? Diríamos que un niño mimado y más tarde excesivamente mimado acabará, posiblemente, convirtiéndose en un tirano. Los niños a partir de los 3-4 años intentan "medir" su poder frente al de sus padres, se empeñan en que se les compren golosinas o juguetes, en hacer lo que les apetece y en no hacer lo que les pedimos... Y si no consiguen lo que quieren, rabieta al canto. Es una forma de llamar la atención y forzarnos a conseguir sus deseos. Pero muchas veces cedemos por distintas razones: por evitar el escándalo en un lugar público (véase centro comercial, kiosco, etc.) o simplemente porque no tenemos ganas de jaleos y buscamos un poco de tranquilidad. El problema es que, cediendo en estos casos, reforzamos el comportamiento del niño o la niña, quien acaba aprendiendo que, si se enrabieta lo suficiente, terminará por conseguir lo que quería. Y según va creciendo en edad, sus rabietas y exigencias se van volviendo más fuertes y sus presiones, más intensas.
Imagen de es.123rf.com

¿Y cuáles son las características de un niño excesivamente mimado o tirano? No todos presentan exactamente las mismas características y/o en el mismo grado, pero en general, el niño muy mimado:

  • Reclama constantemente la atención de los demás, pues se cree el centro del mundo y espera que satisfagan inmediatamente sus deseos.
  • Se siente frecuentemente enfadado y ansioso, pues no siempre consigue lo que quiere. Además, está casi siempre insatisfecho, porque, en cuanto lo consigue, pide algo distinto.
  • Tiene baja tolerancia a la frustración, la incomodidad, el aburrimiento o a no conseguir inmediatamente lo que ha pedido.
  • Es poco empático, no puede ver cómo afectan sus conductas a los demás, ni reconocer que pueden sufrir por su causa.
  • Desafía constantemente las normas que se le quieren inculcar, pues las ve como una imposición externa con la que no está de acuerdo. Además, tiene poca tolerancia al castigo, entre otros motivos porque la culpa siempre es de los demás y sus propias conductas siempre tienen justificación.

Todo esto respecto a un niño muy mimado. Pero en el ámbito de la Psicología,aunque no hay un criterio universal, se suele considerar que el niño tirano, o niño con el "síndrome del emperador" ha traspasado ese terreno, para llegar al maltrato filioparental: hijos que maltratan a sus padres psicológicamente, amenazan, insultan, tiran objetos, dan golpes a paredes, puertas y muebles, e incluso, que los agreden físicamente. Puede parecer un problema de poca importancia, pero, mientras en el año 2008 se produjeron 2.000 denuncias, en 2015 se registraron 10.000. Solo en 2013 se iniciaron 4.659 procedimientos a jóvenes mayores de 14 años por este tipo de sucesos. Y hay que tener en cuenta que muchos casos no se denuncian por vergüenza y que los menores de 14 años en España no tienen responsabilidad penal, por lo que están excluídos de esta estadística. En España se producen al año unas 400.000 agresiones de hijos a sus padres y, según el psicólogo Javier Urra, el 13% de los jóvenes entre 12 y 18 años maltrata física o verbalmente a sus padres.

¿Cómo evitamos, entonces, llegar a este extremo? ¿Y qué hacemos si ya nos encontramos en él? Lo veremos en la siguiente entrada de nuestro blog.

Área de Psicología - Clínica Panaderos

domingo, 11 de septiembre de 2016

Vuelta al cole y estrés: lo normal

Durante las últimas semanas estamos leyendo montones de artículos en prensa y entradas en blogs hablando sobre cómo preparar a los pequeños y no tan pequeños para la vuelta al cole: consejos para evitar el estrés de los niños, hacerlos protagonistas para que se involucren, participen y lo superen con más facilidad... Toda clase de opiniones y puntos de vista sobre tan "estresante" acontecimiento anual para los chavales.

Para algunos menores, la vuelta al cole puede ser problemática, especialmente en el caso de quienes hayan sufrido acoso escolar (el llamado bullying), niños muy introvertidos o con determinados problemas de carácter, que pueden necesitar una ayuda específica y un seguimiento más constante. También se complica un poco la situación en el caso de cambio de colegio, por lo que tendremos que estar atentos durante las primeras semanas o meses para asegurarnos de que la integración de nuestro hijo o hija es la adecuada y prevenir el fracaso escolar. Pero en la mayoría de los casos, y para la mayoría de escolares, es un proceso completamente normal: cientos de miles de alumnos vuelven a las aulas un poco nerviosos. En el caso de los adultos, hablábamos en nuestra entrada ¿Otra vez el "síndrome postvacacional"?  de que en general a todo el mundo le fastidia, al menos un poco, terminar las vacaciones y volver al trabajo y la rutina, pero muchas veces es sólo eso, un fastidio pasajero. Creemos que en los niños pasa más o menos lo mismo: de dos meses de libertad, juegos, algún viaje y horarios bastante flexibles, tienen que pasar a las obligaciones, deberes, estudios, horarios mucho más rígidos y responsabilidades. Y eso fastidia, pero nada más. Repetimos: no incluimos aquí los casos más difíciles, sino lo habitual en miles y miles de escolares.

Además, los niños tienen la ventaja de que les atrae volver a encontrarse con sus amigos, tener en muchos casos material escolar nuevo, recuperar el recreo..., situaciones que con frecuencia compensan la incertidumbre y la parte más negativa de esa vuelta al cole. Así que, insistimos, el proceso se completará en pocos días o semanas con total normalidad en la mayoría de los casos. Todos, desde pequeños, nos enfrentamos a diferentes situaciones de estrés y superar la vuelta al cole con naturalidad supondrá para los pequeños el refuerzo de sus propias capacidades.

Imagen de Freepik
Reconocemos que el asunto es más difícil para los alumnos de educación infantil, especialmente los de 3 años, a quienes un entorno desconocido y una situación totalmente nueva les produce frecuentes llantos e incluso rabietas. Una buena medida para ellos es que la despedida de los padres, abuelos, o la persona que los acompañe, sea lo más breve posible. Mejor dejarlos en la puerta del colegio que en la de la clase, nunca entrar con él en el aula (si los profesores no lo piden) y, si llora, no esperar a que se le pase, pueden ayudar a que el mal rato sea más corto. Las despedidas interminables con el niño o niña en brazos llorando y quejándose, más que ayudar, alargan innecesariamente este momento de angustia, por más que intentemos consolarlos y darles argumentos sobre lo bien que se lo van a pasar y lo mucho que van a aprender.

En cuanto a los niños algo mayores, es fundamental que no les transmitamos nuestra propia preocupación por su vuelta al cole. Los pequeños muchas veces oyen cuando parece que no están escuchando. Cuando se juntan unos cuantos adultos y, mientras sus hijos juegan, comentan: "espero que la profesora de este año sea mejor que la del pasado", o "a ver si este año lo lleva mejor, que el curso pasado lo empezó fatal", o comparten los comentarios de los temibles grupos de WhatsApp del cole, los niños pueden estar oyendo esas conversaciones, lo cual posiblemente incremente su estrés y su perspectiva negativa sobre la vuelta a clase.

En cualquier caso, no podemos olvidar que la sobreprotección es muy negativa: no podemos echar a correr cada vez que nuestro hijo se enfrenta al mínimo contratiempo, para protegerlo entre algodones, si queremos que crezca sano y capaz. Así que ayudémosles a superar la vuelta al cole quitando importancia a las pequeñas dificultades y dando una impresión de normalidad, aunque sin dejar de estar atentos a que todo vaya bien. Es como cuando los llevamos al parque: tenemos que dejarlos jugar, pero sin dejar de echarles un ojo.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Niños con móvil: Y luego nos quejamos (y II)

Hace unos días, en la primera parte de "Niños con móvil: Y luego nos quejamos", contábamos una escena familiar en la que los niños jugaban mientras los padres miraban continuamente sus móviles y hablábamos de la importancia del ejemplo hacia los hijos.

Vamos a presentar ahora otra escena diferente, de la que también fuimos testigos hace unos meses: estamos tomando un café varias personas en una terraza un atardecer del pasado mayo. La terraza está en uno de los lados de una plaza peatonal, en un pueblo de unos 18.000 habitantes, cercano a Valladolid. Unas mesas más allá hay tres parejas tomando algo y charlando. En la mesa de al lado hay cinco niños, todos varones, a los que calculamos entre 8 y 10 años. Son los hijos de las tres parejas. Cada uno tiene su teléfono móvil y escribe constantemente. Aparentemente están utilizando alguna aplicación de mensajería instantánea (Whatsapp o similar). No hablan entre ellos, ni se miran siquiera. Sólo miran la pantalla y escriben.

Observo la escena durante unos minutos y comento a mis compañeros de tertulia: "Estos niños tendrían que estar dando patadas a una pelota, corriendo, montando en bici o en patinete... Tendrían que aprovechar para jugar, en vez de estar toda la tarde sentados, embobados cada uno con su móvil". Una de mis contertulias, que, además de madre de cuatro hijos es directora de un colegio de Primaria y habituada, por tanto, a tratar con niños y a observarlos, me responde de inmediato con un razonamiento que me parece muy apropiado: "Si los niños estuviesen jugando por la plaza, sus padres tendrían que estar echando un vistazo de vez en cuando, preocupándose de que tuvieran cuidado, que no molestaran a los demás, que no se hicieran daño, que no se acercaran a la carretera... Ahora los tienen a la vista y saben que no corren ningún peligro, así que pueden despreocuparse y tomarse el café tranquilamente."

Así que los niños protagonistas de esta escena han ganado en seguridad para ellos y tranquilidad para sus padres. Pero, ¿qué han perdido? El juego al aire libre contribuye positivamente al desarrollo del niño. En el plano físico, las mejoras en el desarrollo de su motricidad gruesa, su movilidad, la percepción de sus límites físicos y sus capacidades (y el intento de superarlos) se oponen al posible incremento del sedentarismo, la baja forma física y la posible obesidad futura de la que alertan algunos estudiosos del tema, por el uso abusivo de las pantallas. 

En cuando al aspecto psicológico, el juego en grupo fomenta la colaboración y la creatividad. Inventando o adaptando juegos los niños aprenden a establecer reglas, a respetarlas, a resolver conflictos, a escuchar, participar y llegar a acuerdos... Muchas aptitudes que más adelante, serán de incalculable valor en su vida adulta y que son muy cotizadas en diferentes empleos y profesiones. Esas capacidades de respeto a los demás y resolución de conflictos son también fundamentales en su vida afectiva y las necesitarán para enfrentarse a muchísimas situaciones cotidianas, tanto laborales como familiares y sociales.

Y ya que hablamos de la faceta social, la convivencia cara a cara, hablar en vivo, aprender a escuchar, ayuda a mejorar la expresión oral, a hacerse entender sin emoticonos y a comprender a los demás en directo, evitando malentendidos, pudiendo explicarse, corregirse y mejorar sus relaciones sociales y su capacidad de empatía.

No vamos a extendernos más sobre las ventajas del juego real sobre el uso, posiblemente abusivo, del teléfono móvil. Pero sí a hacer una reflexión sobre lo que algunos han dado en llamar las "pantallas niñera" o los "smartphones y tablets niñera": dejar a los niños "al cuidado" de un teléfono móvil o una tableta, de manera que ellos estén quietecitos en el sofá y nosotros más cómodos, mientras podemos dedicarnos a las tareas domésticas, terminar algún trabajo pendiente, leer, descansar o, simplemente, mirar nuestras redes sociales y charlar con los amigos a través de nuestro móvil. Es indudable que las "nuevas tecnologías" abren infinitas posibilidades a los chavales y que tienen que acostumbrarse a manejarlas. Pero es necesario controlar el tiempo y el uso concreto que de ellas hacen los niños. Hasta los 12 años su uso debería ser guiado por los padres o algún adulto cercano que evite, tanto el abuso como el acceso a contenidos inapropiados. Nuestra comodidad o tranquilidad, si una escena como la antes descrita se repite constantemente, tanto en casa como fuera de ella, puede estar contribuyendo a que los niños no se desarrollen ni maduren adecuadamente. El móvil puede ser un complemento, pero nunca un sustituto del juego al aire libre, de la experiencia directa ni de las relaciones humanas reales.

Es indudable que la sociedad ha cambiado y que actualmente no es fácil, sobre todo en entornos urbanos o en pueblos grandes, que los niños y niñas puedan salir a la calle a jugar libremente. Por eso debemos aprovechar esas ocasiones para enseñarles que, a veces, el mejor uso que pueden dar al móvil es dejarlo en casa.


jueves, 18 de agosto de 2016

Niños con móvil: Y luego nos quejamos (I)

Hace unos días estuvimos en un restaurante de comida rápida (hasta el propio Dr. Grande Covián reconocía llevar a su nieto de vez en cuando) un sábado a la hora de comer y presenciamos la siguiente escena: una familia formada por el padre y la madre, ambos de treinta y tantos, y dos niños, de unos cuatro y seis años estaban disfrutando sus menús. La madre no soltó el móvil de la mano prácticamente durante toda la comida y el padre lo dejaba sobre la mesa, pero lo consultaba constantemente y volvía a dejarlo. Los niños, además de comer, jugaban cada uno con su juguete, de esos que regalan con los menús infantiles.

De vez en cuando, los niños se dirigían a sus padres, preguntaban algo, querían enseñarles algo de sus juegos... Intentaban llamar su atención. Lo más que recibían era un monosílabo por respuesta que les daba el padre, sin apartar la vista de la pantalla. Uno de los niños se dirigió insistentemente a la madre, que acabó diciéndole: "No seas pesado". Durante todo el tiempo que estuvieron allí, los padres siguieron con sus móviles y los niños con sus juegos. Lo que no sabemos es si la autoestima de los niños habría mejorado en ese rato, pero muy probablemente no. 

Imagen de es.123rf.com
Esta escena no es, ni mucho menos, inusual. Este verano la hemos visto también en parques, playas, piscinas..., lugares y situaciones que podrían servir para una convivencia real entre padres e hijos. Y nos dio que pensar en el ejemplo que están dando esos padres a sus hijos, respecto a qué es más importante: jugar con ellos o atender al móvil. Los niños de esa edad no lo verbalizan, ni parecen darse cuenta, pero están interiorizando la forma de actuar de quienes suelen ser sus principales referentes en la primera etapa de la vida. Además, están observando constantemente a los adultos de su círculo más cercano y copiando consciente o inconscientemente las actitudes de las personas con quienes se sienten más unidos. Es un aspecto fundamental en su aprendizaje. Probablemente llegará un día en que esos niños tengan cada uno su móvil y no atiendan a sus padres cuando estos les pidan que hagan los deberes, que recojan su habitación, que ayuden a poner la mesa...

Por otra parte, está comprobado el uso excesivo del móvil que hacen muchos preadolescentes y adolescentes (y muchas personas no tan jóvenes). Mostrar a los niños pequeños que un smartphone es un aparato que hay que estar mirando constantemente e interactuando con él, más que con las personas, es una buena manera de acercarlos a esa actitud que puede terminar en una auténtica adicción.

Ya hemos dicho alguna vez en este blog que las tecnologías frecuentemente te acercan a quienes tienes lejos, pero te alejan de quienes tienes cerca. Recuerda, además, que la mejor educación es el ejemplo.

Clínica Panaderos - Área de Psicología

viernes, 29 de julio de 2016

Yo te leo, tú me lees...

En las entradas de verano siempre nos gusta escribir alguna con pautas útiles para las vacaciones. El año pasado, por ejemplo, escribimos "Cinco noes para disfrutar más las vacaciones", seguido de "Y cinco síes para disfrutar más las vacaciones".

Este verano no vamos a proponerte ninguna actividad que necesite pantallas, ni tecnología moderna, sino otra muy sencilla, pero muy importante para los niños
(con una edad recomendada de 1 a 10 años). Se trata simplemente de leer, pero no de que ellos lean un libro por obligación y tú leas otro para dar ejemplo, no. Se trata de leerles un libro a ellos y de que, si tienen edad suficiente y saben leer, de que ellos también te lean a ti. Y es una actividad que se puede iniciar ahora, en verano, cuando normalmente tenemos más tiempo libre, pero que puede hacerse extensiva a otras vacaciones, puentes, fines de semana, etc.

El objeto de esta entrada no es analizar la importancia de la lectura, por lo que no vamos a detenernos en ello. Sólo haremos dos afirmaciones: si los niños aprender a leer bien, les resultará más fácil estudiar, porque la lectura es una destreza básica para el éxito escolar. Y si disfrutan leyendo de pequeños, es mucho más fácil que sean buenos lectores cuando crezcan, lo cual les aportará madurez, cultura y una perspectiva más amplia de la vida. Pero en el proceso de adquisición de la afición a la lectura, el ejemplo es fundamental. Si ven a sus padres leyendo y tienen a mano libros adecuados a su edad, es más fácil que se acerquen a un libro sin que se convierta en una pelea o una obligación. Por el contrario, si nos pasamos los ratos en casa consultando el móvil, con el tablet sobre las piernas mientras vemos la tele, difícilmente podremos convencerlos de lo bueno que es leer.

Los niños deben acostumbrarse a vernos con libros en la mano desde que tienen pocos meses. Antes del año ya deberíamos leerles cuentos cortos, de esos con muchos colores y con páginas que pueden tocar: con diferentes texturas, formas, pegatinas, incluso con olores!!! Un poco más adelante, con pestañas móviles para que puedan manipularlos, o con figuras que permiten construir casas, castillos... La variedad es, afortunadamente, amplísima. Pero si, además de vernos leer y tener libros a su alcance, comparten con nosotros ratos de lectura, la experiencia será completamente distinta.

Biblioteca infantil. Imagen GFDL.
Cuando leemos cuentos a niños de 3-7 años, podemos permitirnos teatralizar la lectura: cambiar las voces según los personajes, hacer ruidos, pausas, interrumpir la lectura para preguntarles algo... En definitiva, hacer que el cuento tome vida y se sumerjan por un rato en una vivencia distinta, más completa de la historia que les estamos presentando. Y cuando ellos nos leen a nosotros, adoptan un papel similar, imitar distintas voces, enriquecer su expresión y compartirla con nosotros. Para ello, siempre habrá que escoger lecturas apropiadas a su nivel lector, de manera que su lectura no sea dificultosa y evitaremos corregir los posibles errores, siempre que no afecten a la compresión general de la historia. Además, así podremos detectar su nivel de lectura para ver si va evolucionando como debería, o necesita algún tipo de refuerzo (más adelante, ahora no es el momento).

En definitiva, la actividad que te proponemos para estas vacaciones es un rato de lectura en voz alta con niños (hijos, sobrinos...). Tú les lees un rato y, si ya saben leer, ellos pueden leerte otro. Una buena hora sería después de la cena. Es condición imprescindible apagar los móviles, tabletas, ordenadores, videoconsolas... Evitad toda distracción para dedicaros solamente a disfrutar de la lectura. El único aparato eléctrico que se permitiría sería una linterna para alumbrar las páginas del libro, por si la necesitas.

Imagínate bajar con los niños a la playa, con un buen cuento de piratas u otras historias con el mar como escenario y leérselo a la luz de la linterna, cuidando la puesta en escena y todos tus recursos expresivos. O una buena historia de misterio en un claro del bosque o en la montaña... Ten cuidado de que el cuento sea adecuado a la edad y de que los más pequeños no se asusten. Se trata de que disfruten, de que vivan una experiencia que para ellos (y también para ti) será inolvidable.

Clínica Panaderos - Área de Psicología

jueves, 30 de junio de 2016

¿Cuadernos de vacaciones, sí o no? (y II)

En la entrada anterior hablamos sobre los cuadernos de vacaciones específicamente para estudiantes de primaria que habían suspendido alguna asignatura o no habían alcanzado determinados objetivos. Ahora toca hablar del caso en que vayan alcanzando los objetivos sin dificultad. ¿Hay que obligar a los niños a que hagan cuadernos de vacaciones cuando ya han terminado bien el curso? Bueno, dicho así suena realmente fuerte y la respuesta inmediata sería "no". Pero hay cuestiones que debemos tomar en consideración:

- Si no hacen nada, ¿se van a olvidar de lo aprendido? Evidentemente, se pueden a olvidar de buena parte de lo que hayan aprendido. Pero en la mayoría de los casos, la cantidad de conocimientos que recuerden no es crucial, pues muchos los recordarán en las primeras semanas del curso siguiente. Lo realmente importante son los hábitos. ¿Tiene nuestro hijo o hija unos hábitos de trabajo y organización personal realmente consolidados? Si la respuesta es sí, entonces es poco probable que los pierdan durante las vacaciones, aunque algunas pequeñas tareas sencillas contribuirán a mantenerlos. Pero si sus hábitos de trabajo están poco afianzados, dos meses y medio de vacaciones sin tocar un lápiz y un papel pueden ser devastadores y, cuando empiece el curso, tendremos que empezar a trabajar las rutinas de trabajo, los tiempos y la organización y el año escolar que viene será más complicado que si los hubiese mantenido durante el verano.

- Si los dejamos totalmente libres, ¿cuál va a ser la alternativa? Muchos padres y madres creen que sus hijos ya han trabajado bastante durante el curso y es mejor que en verano no hagan absolutamente nada relacionado con la escuela. La idea aparentemente está muy bien, al menos en teoría. Pero el tiempo que habrían dedicado a hacer algún cuadernillo, ¿a qué lo van a dedicar? ¿Al móvil, la televisión y la tableta? ¿O realmente van a jugar con otros niños, a interactuar, divertirse y jugar? Los cuadernos de vacaciones, si decidimos utilizarlos, no deben quitar tiempo al juego, a las relaciones con familiares y amigos, al ejercicio físico que supone la bici o la piscina, a la diversión... Se trata de que quiten tiempo al aburrimiento, por ejemplo, de esos ratos muertos en los que no quieren dormir la siesta y no pueden salir a la calle, porque son las cuatro de la tarde y hace muchísimo calor. Nunca pondríamos un cuadernillo de vacaciones por delante de un par de semanas de campamento, pero sí en lugar de horas y horas enfrente de una pantalla.

Página de un cuaderno de Edufichas
- ¿Son tan duros los cuadernos de vacaciones? Si echamos un vistazo a los que encontraremos en cualquier gran superficie, veremos que en la mayoría de los casos no lo son (recuerda que no nos estamos refiriendo a cuadernos para recuperación de asignaturas suspensas). Los cuadernos de temática general para alumnado de primaria tienen actividades divertidas, juegos, bonitos colores y están diseñados para que los niños recuerden conocimientos y habilidades de una manera entretenida, e incluso divertida. Salvo que en el centro educativo recomienden un cuaderno en concreto, una buena estrategia puede ser que el cuadernillo coincida con la misma editorial que los libros de texto que el niño haya tenido durante el curso, pues seguro que tienen alguna similitud. Y otra es que el propio niño o niña escoja el que más le llame la atención, el que le atraiga, porque así en principio estará más motivado para hacerlo. Es probable que a los pocos días se canse y haya que "empujarlo" un poco, pero al menos tendremos el argumento de que lo ha decidido él.

- ¿Merece la pena gastarse el dinero en esto? Pues es cuestión de opiniones y de la situación económica de cada familia. No obstante, los precios suelen ser moderados. Un cuadernillo puede costar lo equivalente a unas cañas y unas tapas. Pero si no queremos gastarnos el dinero, podemos buscar en Internet, pues hay páginas con cuadernos de vacaciones de descarga gratuita. Tendremos que imprimir algunas páginas, pero también podremos descargar varios e imprimir solamente las páginas que nos interesen a nosotros o las que prefiera quien tiene que hacerlas. Puedes visitar, por ejemplo, las páginas www.mundoprimaria.com o www.edufichas.com, que tienen diversos cuadernos para descargar. También hay una recopilación de enlaces a otros cuadernos en el blog de Elena Jiménez Fuentes.

Para terminar, diremos que en nuestra opinión los cuadernillos de vacaciones pueden ser un buen recurso para mantener los hábitos y recordar conocimientos adquiridos durante el curso, siempre que se planteen con moderación, como algo entretenido y divertido, e intentando que llenen los ratos de aburrimiento y, si es el caso, disminuyan el exceso de uso de pantallas, especialmente en niños de corta edad.

Área de Psicología - Clínica Panaderos

lunes, 27 de junio de 2016

¿Cuadernos de vacaciones, sí o no? (I)

En los últimos años, y con mucha más frecuencia en los últimos meses, estamos asistiendo a debates sobre la importancia de los deberes escolares: madres que se manifiestan abiertamente en contra, profesores que piensan que son necesarios, psicólogos y pedagogos que defienden la necesidad de evitar la sobrecarga, otros que acentúan la importancia de crear hábitos de trabajo, etc., opinando sobre un tema que nunca se acaba de contestar satisfactoriamente para todos. Un tema, por tanto, muy de actualidad, así que, ahora que se acaba el curso, llega otro tema polémico: ¿deben hacer cuadernos de vacaciones, o no tocar un lápiz hasta septiembre?

No se puede dar una respuesta "universal", porque cada niño o niña es diferente y sus circunstancias varían mucho, pero intentaremos ayudar a tomar la decisión acertada, especialmente para niños del último curso de educación infantil y los seis cursos de primaria. Para estudiantes de secundaria, te puede interesar esta entrada: Fracaso escolar: ¿A la playa con los libros?

En primer lugar, vamos a hablar de los casos en que el niño ha suspendido alguna asignatura, o, en otras palabras, no ha alcanzado determinados objetivos. Aunque en infantil y primaria no hay exámenes de septiembre, por lo que muy probablemente no tengan trabajos obligatorios ni exámenes (al contrario que en secundaria) es muy importante reforzar las materias que no ha aprobado para rellenar lagunas y ayudar a que comience el próximo curso sin dificultades. Para eso, la información que nos facilitarán los maestros, si se lo pedimos, es fundamental. Si, por ejemplo, falla en cálculo, sin tener una dificultad educativa específica (que exigiría una respuesta más personalizada), sino solamente falta de práctica, algún cuadernillo de cuentas y problemas puede ser muy útil para que adquiera la agilidad que necesita.

Una destreza en la que pueden tener dificultad es en la escritura y, para darnos cuenta, no necesitamos la opinión de la maestra: nos basta con echar un vistazo a sus cuadernos y comprobar si se entiende bien lo que escriben, si el estilo es uniforme... A veces vemos niños de 8-10 años, e incluso adolescentes, con una letra realmente complicada de entender, incluso para ellos mismos: letras sueltas, mayúsculas en medio de las palabras sin ninguna razón ortográfica, trazos irregulares, unos rectos y otros inclinados... Muchos padres piensan que sus hijos ya mejorarán la letra con el tiempo. Pero no es cierto. La caligrafía se va personalizando según crecen, particularizándola y adaptándola a su modo de trazar, pero si la base es mala, se irá reforzando una "mala letra," personalizada, pero mala. Hacer cuadernos de caligrafía es una tarea pesada, que a ellos no les gusta, pero puede ser necesaria. Y tengamos en cuenta que corregir una mala letra a los 8 ó 9 años es mucho más fácil que a los 16. Así pues, si creemos que lo necesitan, de 15 a 30 minutos de caligrafía no son ninguna barbaridad. Y, ya que estamos, en estos casos somos más partidarios de los cuadernos específicos que de los ejercicios de copia libre (copiar algunos párrafos de un cuento...), puesto que les viene mejor un modelo en el que fijarse línea a línea y la letra, así como una pauta de determinado tamaño y espaciado.

Lo mismo se podría decir de cualquier área en la que nuestro hijo o hija haya obtenido unos resultados inferiores a los que cabría esperar. La tutora o el tutor podrá orientarnos sobre qué capacidad debe reforzar o qué conocimientos le conviene adquirir o consolidad para el curso siguiente.

Evidentemente, tenemos que dejarnos guiar por la sensatez. El verano no es, en estas edades, un momento de trabajo intensivo, ni de profundización. Es, sobre todo, de relax, descanso y desconexión, pero también son dos meses con mucho tiempo libre, en los que se puede aprovechar para suplir carencias y reforzar debilidades, pero siempre en un entorno menos reglado y con actividades que, además de ser educativas, sean lo más lúdicas y atractivas que podamos.

En la próxima entrada hablaremos sobre la conveniencia de los cuadernos de vacaciones para quienes no tienen ninguna dificultad en la escuela.

Clínica Panaderos - Área de Psicología

martes, 3 de noviembre de 2015

Abuelas esclavas y envejecimiento activo (y II)

En la anterior entrada comentábamos los problemas de salud física y mental que puede suponer para los abuelos el cuidado intensivo de los nietos, sobre todo cuando éstos son todavía bebés o cuando tienen problemas de carácter.

¿Entonces apartamos a los nietos de los abuelos? No, de ninguna manera. El contacto frecuente entre nietos y abuelos es muy enriquecedor para ambos. Pero utilizamos la sensatez para distinguir colaboración y ayuda de esclavitud. Recordamos que la principal responsabilidad de cuidar y educar a los niños es de sus padres, no de sus abuelos. Hace tiempo escribimos en este blog una entrada titulada: "Vivir plenamente: Envejecimiento activo", en la que hablábamos de las cuatro áreas básicos del envejecimiento activo:
- salud física
- salud intelectual
- salud emocional
- salud social.
Pues bien, el papel de abuelos esclavos puede interferir muy seriamente en el proceso de envejecimiento activo que todo adulto mayor debería practicar. Los abuelos esclavos frecuentemente ven perjudicada su salud física, porque el cumplimiento de sus responsabilidades les exige muchas veces una actividad física superior a la que sería recomendable para su edad y estado, con el consiguiente desgaste.

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La salud intelectual requiere dedicarse diariamente a actividades de "gimnasia cerebral": juegos de memoria, problemas de lógica, pasatiempos, nuevos aprendizajes (nuevas tecnologías, educación de personas adultas, universidad de la experiencia...), para las que se necesita un tiempo que con frecuencia el cuidado de los nietos les quita.

La salud emocional implica, entre otros factores, el afrontamiento del estrés y el control de la propia vida, dos aspectos que con frecuencia pierden al estar tan involucrados con los nietos diariamente por obligación.

Y dentro de la salud social entran precisamente las relaciones familiares, pero también con los amigos y la comunidad. Cuando las relaciones familiares se limitan a cuidar a los nietos, la interacción con el resto de la familia, las amistades y otras relaciones se resienten. Además, no es infrecuente la aparición de conflictos entre padres y abuelos por los distintas maneras de educar a los niños, pues a veces los padres encargan a los abuelos la tarea de "cuidador principal", pero quieren que sus hijos sean educados de acuerdo con las pautas que ellos mismos marcan.

La Organización Mundial de la Salud aboga por el envejecimiento activo para todos los adultos mayores. Pero, para ello, es importante ayudar a los mayores a trazar su plan de envejecimiento activo, aun cuando esta ayuda sea solamente permitir que recuperen su tiempo, el control de sus vidas. Así pues, es importante que la relación entre abuelos y nietos sea una relación equilibrada y mutuamente enriquecedora, elegida libremente por los abuelos, no el resultado de una obligación impuesta por sus hijos, ni "autoimpuesta".

En conclusión, es necesaria la sensatez y el equilibrio para evitar que el cuidado de los nietos se acabe convirtiendo en una situación de auténtica esclavitud para los abuelos (y, sobre todo, las abuelas). Nuestros adultos mayores también necesitan cuidarse a sí mismos, envejecer activamente, estar sanos y ser felices.

Clínica Panaderos
Cuídate y déjanos cuidarte!!!

jueves, 22 de octubre de 2015

Abuelas esclavas y envejecimiento activo (I)

Titulamos esta entrada "abuelas esclavas", aunque también hay abuelos esclavos, pero el porcentaje de mujeres es bastante más alto. Eso no quita para que reconozcamos el trabajo tanto de ellas como de ellos y, a nivel de salud, nos preocupen los problemas que les causa a los dos sexos el "síndrome del abuelo esclavo".

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Las dificultades de conciliar la vida familiar y laboral hacen que muchas personas tengan que recurrir a los abuelos para el cuidado de sus hijos, situación que se ha agravado con la crisis económica y las consecuentes dificultades para pagar una guardería o a una empleada doméstica (o canguro). Y oímos frecuentemente expresiones como: "Yo no llevo a la niña a la guardería, la dejo con mi madre, que está encantada".  Cuando "dejarla con mi madre" significa que una mujer de más de setenta años tiene que pasar ocho horas diarias, a partir de las 7:30 de la mañana, cuidando de un bebé durante once meses al año, la afirmación "está encantada" despierta muchas dudas. A veces vemos en la consulta a abuelas estresadas, con problemas para dormir, agobiadas por la responsabilidad, con agravamiento de patologías músculo-esqueléticos, tensión arterial descontrolada, angustiadas, depresión... Y que no se atreven a decir nada a sus hijos o no quieren decírselo, porque asumen el cuidado intensivo de los nietos como una responsabilidad propia.

¿Entonces los abuelos no deberían cuidar a los nietos? Pues sí, pero en su justa medida. Todo es cuestión de circunstancias concretas y también, por qué no decirlo, de cantidad. La principal responsabilidad de los abuelos respecto a sus nietos es disfrutar con ellos, además de transmitirles una serie de valores y experiencias de una manera que otras personas no podrían. Pueden contribuir a su cuidado y educación desde su papel de abuelos, no de padres sustitutos o madres en funciones, puesto que no lo son. Además, como decimos, es cuestión de circunstancias concretas: 

¿Qué edad y estado psicofísico tiene la abuela? ¿Y el nieto o la nieta? Por ejemplo, si la abuela tiene algún problema de movilidad, o de dolor de espalda crónico, la situación ideal no es cuidar varias horas a un niño que está aprendiendo a andar, o a un niño de tres años hiperactivo, que no para ni un momento.

¿Cuántas horas tiene que hacerse cargo de su nieto? En general, sin tener en cuenta otras circunstancias especiales, cuanta menos edad tiene el niño, menos horas puede hacerse cargo de él, por simple cuestión de desgaste y estrés. Recoger a un nieto de ocho años del colegio, llevarlo a casa a comer y tenerlo un par de horas puede no ser un gran sacrificio, pero tener a dos gemelos de año y medio toda la mañana es otra cosa totalmente distinta. También es completamente distinto cuidar durante unos días a un nieto que, por una gripe, no puede ir al colegio, que asumir esa responsabilidad mes tras mes y año tras año.

¿El carácter del nieto tiene alguna importancia? Pues sí. Sobre todo si el nieto presenta problemas de comportamiento como el llamado "síndrome del emperador" o es un preadolescente o adolescente que tiende a retar todas las normas. El efecto psicológico en los abuelos puede ser devastador. Hace poco nos comentaron el caso de un abuelo de casi ochenta años que todos los viernes y sábados no puede acostarse antes de las dos de la mañana, porque tiene que coger el coche y conducir varios kilómetros para ir a buscar a su nieta de quince años, ¡que está en la discoteca! Y, si se intenta negarse, la nieta grita, rompe cosas, amenaza o, simplemente, se escapa de casa.

En la segunda parte de esta entrada abordaremos las dificultades de aunar el cuidado intensivo de los nietos con el envejecimiento activo. Entretanto, queremos dejar una reflexión: para muchos padres y madres, el cuidado y bienestar de sus hijos son la prioridad absoluta, pero... ¿dónde queda el bienestar de los abuelos?

Clínica Panaderos
Cuídate y déjanos cuidarte!!!