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jueves, 21 de septiembre de 2017

Alzhéimer y pérdida ambigua en el cuidador principal

A finales de los 90, la profesora e investigadora Pauline Boss denominó "pérdida ambigua" a un sentimiento que se produce como resultado de la pérdida de un ser cercano (normalmente un familiar, cónyuge, etc.) sin la verificación real de su muerte o sin la seguridad de si va a volver, o si conseguirá ser como era antes. Es como perder a alguien sin perderlo del todo. Por ejemplo, en el caso de conflictos bélicos, catástrofes naturales o desapariciones de personas, la familia puede haber perdido a un allegado, pero cuando no se recuperan los restos mortales, no hay certeza total de esa pérdida. Creemos que la persona en cuestión no está, pero podría estar en otro sitio o... Siempre se albergan dudas, pues no hay un momento concreto en que comience el duelo (no hay un cuerpo que velar, ni entierro), que en muchos casos se reconoce como el primer paso para aceptar y superar la situación.


Cuando una persona padece alzhéimer en una fase avanzada de deterioro cognitivo grave y con una dependencia prácticamente total de sus cuidadores, en las personas muy cercanas puede producirse esa misma pérdida ambigua, puesto que el cuerpo está, pero esa persona ya no es lo que era, su personalidad ha cambiado, no podemos comunicarnos con ella... En definitiva, la persona está, pero no es quien fue, es un desconocido. Sigue siendo una persona con toda su dignidad, pero ya no es la persona de quien nos enamoramos, o de quien nacimos, etc.

No es infrecuente que el cuidador principal* (normalmente su cónyuge o una de las hijas) sea la persona que más sufre esa pérdida ambigua, la cual puede general múltiples problemas en su vida personal, familiar y social. Quien la padece puede caer fácilmente en la fatiga emocional, depresión, ansiedad, parálisis psicológica e incluso enfermedades psicosomáticas. Pero la pérdida ambigua no es una patología individual, sino, en palabras de la propia doctora Boss, un "desorden relacional", pues procede del contexto exterior y no de la mente de quien la padece.

Esta pérdida ambigua se suma al estrés y la sobrecarga del cuidador o cuidadores principales, a sentimientos de soledad, al abandono de las actividades de ocio y realización personal, a sentimientos de culpa (muchas veces por pensar que no se cuida lo suficientemente bien al enfermo), e incluso a la ira. A veces el cuidador desea que esta situación que lo desborda termine cuanto antes, lo cual le genera, a su vez, remordimientos, por llegar a desear la muerte de la persona a quien cuida. Con todo ello, la situación emocional, e incluso física, del cuidador personal puede ser devastadora.

Para minimizar los efectos negativos de la pérdida ambigua y facilitar la adaptación a la nueva situación, Pauline Boss establece un modelo cíclico de intervención familiar, con una serie de pasos dirigidos a encontrar significado a la situación, recuperar el control, reconstruir la identidad, normalizar la ambivalencia y reconstruir al esperanza.

Queremos insistir en la intervención familiar, pues la doctora Boss piensa que, al ser un problema relacional y no externo, es toda la familia la que debe involucrarse, redefinir sus roles y adaptarse a la situación traumática. La terapia exclusiva al cuidador principal podría acentuar su sentimiento de soledad y empeorar el trauma de la pérdida ambigua.

En cualquier caso, ya sea mediante terapia familiar, mediante apoyo de asociaciones de enfermos de alzhéimer (u otras), redes sociales específicas, mediante el reajuste de los roles, el reparto de tareas y la corresponsabilidad en el núcleo familiar, es importantísimo que el cuidador principal se sienta respaldado y tenga tiempo y energías para cuidarse a sí mismo y desarrollar su proyecto de vida. Es necesaria la colaboración de todos los implicados, para poder dar respuesta, no sólo a lo urgente, sino también a lo importante.


Nota: Hablamos de "cuidador principal" utilizando el genérico masculino, por no repetir innecesariamente "cuidador y cuidadora". Pero, estadísticamente, más del 80% son cuidadoras. Es imprescindible reconocer la importancia de su esfuerzo.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Vuelta al cole y estrés: lo normal

Durante las últimas semanas estamos leyendo montones de artículos en prensa y entradas en blogs hablando sobre cómo preparar a los pequeños y no tan pequeños para la vuelta al cole: consejos para evitar el estrés de los niños, hacerlos protagonistas para que se involucren, participen y lo superen con más facilidad... Toda clase de opiniones y puntos de vista sobre tan "estresante" acontecimiento anual para los chavales.

Para algunos menores, la vuelta al cole puede ser problemática, especialmente en el caso de quienes hayan sufrido acoso escolar (el llamado bullying), niños muy introvertidos o con determinados problemas de carácter, que pueden necesitar una ayuda específica y un seguimiento más constante. También se complica un poco la situación en el caso de cambio de colegio, por lo que tendremos que estar atentos durante las primeras semanas o meses para asegurarnos de que la integración de nuestro hijo o hija es la adecuada y prevenir el fracaso escolar. Pero en la mayoría de los casos, y para la mayoría de escolares, es un proceso completamente normal: cientos de miles de alumnos vuelven a las aulas un poco nerviosos. En el caso de los adultos, hablábamos en nuestra entrada ¿Otra vez el "síndrome postvacacional"?  de que en general a todo el mundo le fastidia, al menos un poco, terminar las vacaciones y volver al trabajo y la rutina, pero muchas veces es sólo eso, un fastidio pasajero. Creemos que en los niños pasa más o menos lo mismo: de dos meses de libertad, juegos, algún viaje y horarios bastante flexibles, tienen que pasar a las obligaciones, deberes, estudios, horarios mucho más rígidos y responsabilidades. Y eso fastidia, pero nada más. Repetimos: no incluimos aquí los casos más difíciles, sino lo habitual en miles y miles de escolares.

Además, los niños tienen la ventaja de que les atrae volver a encontrarse con sus amigos, tener en muchos casos material escolar nuevo, recuperar el recreo..., situaciones que con frecuencia compensan la incertidumbre y la parte más negativa de esa vuelta al cole. Así que, insistimos, el proceso se completará en pocos días o semanas con total normalidad en la mayoría de los casos. Todos, desde pequeños, nos enfrentamos a diferentes situaciones de estrés y superar la vuelta al cole con naturalidad supondrá para los pequeños el refuerzo de sus propias capacidades.

Imagen de Freepik
Reconocemos que el asunto es más difícil para los alumnos de educación infantil, especialmente los de 3 años, a quienes un entorno desconocido y una situación totalmente nueva les produce frecuentes llantos e incluso rabietas. Una buena medida para ellos es que la despedida de los padres, abuelos, o la persona que los acompañe, sea lo más breve posible. Mejor dejarlos en la puerta del colegio que en la de la clase, nunca entrar con él en el aula (si los profesores no lo piden) y, si llora, no esperar a que se le pase, pueden ayudar a que el mal rato sea más corto. Las despedidas interminables con el niño o niña en brazos llorando y quejándose, más que ayudar, alargan innecesariamente este momento de angustia, por más que intentemos consolarlos y darles argumentos sobre lo bien que se lo van a pasar y lo mucho que van a aprender.

En cuanto a los niños algo mayores, es fundamental que no les transmitamos nuestra propia preocupación por su vuelta al cole. Los pequeños muchas veces oyen cuando parece que no están escuchando. Cuando se juntan unos cuantos adultos y, mientras sus hijos juegan, comentan: "espero que la profesora de este año sea mejor que la del pasado", o "a ver si este año lo lleva mejor, que el curso pasado lo empezó fatal", o comparten los comentarios de los temibles grupos de WhatsApp del cole, los niños pueden estar oyendo esas conversaciones, lo cual posiblemente incremente su estrés y su perspectiva negativa sobre la vuelta a clase.

En cualquier caso, no podemos olvidar que la sobreprotección es muy negativa: no podemos echar a correr cada vez que nuestro hijo se enfrenta al mínimo contratiempo, para protegerlo entre algodones, si queremos que crezca sano y capaz. Así que ayudémosles a superar la vuelta al cole quitando importancia a las pequeñas dificultades y dando una impresión de normalidad, aunque sin dejar de estar atentos a que todo vaya bien. Es como cuando los llevamos al parque: tenemos que dejarlos jugar, pero sin dejar de echarles un ojo.

martes, 3 de noviembre de 2015

Abuelas esclavas y envejecimiento activo (y II)

En la anterior entrada comentábamos los problemas de salud física y mental que puede suponer para los abuelos el cuidado intensivo de los nietos, sobre todo cuando éstos son todavía bebés o cuando tienen problemas de carácter.

¿Entonces apartamos a los nietos de los abuelos? No, de ninguna manera. El contacto frecuente entre nietos y abuelos es muy enriquecedor para ambos. Pero utilizamos la sensatez para distinguir colaboración y ayuda de esclavitud. Recordamos que la principal responsabilidad de cuidar y educar a los niños es de sus padres, no de sus abuelos. Hace tiempo escribimos en este blog una entrada titulada: "Vivir plenamente: Envejecimiento activo", en la que hablábamos de las cuatro áreas básicos del envejecimiento activo:
- salud física
- salud intelectual
- salud emocional
- salud social.
Pues bien, el papel de abuelos esclavos puede interferir muy seriamente en el proceso de envejecimiento activo que todo adulto mayor debería practicar. Los abuelos esclavos frecuentemente ven perjudicada su salud física, porque el cumplimiento de sus responsabilidades les exige muchas veces una actividad física superior a la que sería recomendable para su edad y estado, con el consiguiente desgaste.

Imagen de es.123rf.com
La salud intelectual requiere dedicarse diariamente a actividades de "gimnasia cerebral": juegos de memoria, problemas de lógica, pasatiempos, nuevos aprendizajes (nuevas tecnologías, educación de personas adultas, universidad de la experiencia...), para las que se necesita un tiempo que con frecuencia el cuidado de los nietos les quita.

La salud emocional implica, entre otros factores, el afrontamiento del estrés y el control de la propia vida, dos aspectos que con frecuencia pierden al estar tan involucrados con los nietos diariamente por obligación.

Y dentro de la salud social entran precisamente las relaciones familiares, pero también con los amigos y la comunidad. Cuando las relaciones familiares se limitan a cuidar a los nietos, la interacción con el resto de la familia, las amistades y otras relaciones se resienten. Además, no es infrecuente la aparición de conflictos entre padres y abuelos por los distintas maneras de educar a los niños, pues a veces los padres encargan a los abuelos la tarea de "cuidador principal", pero quieren que sus hijos sean educados de acuerdo con las pautas que ellos mismos marcan.

La Organización Mundial de la Salud aboga por el envejecimiento activo para todos los adultos mayores. Pero, para ello, es importante ayudar a los mayores a trazar su plan de envejecimiento activo, aun cuando esta ayuda sea solamente permitir que recuperen su tiempo, el control de sus vidas. Así pues, es importante que la relación entre abuelos y nietos sea una relación equilibrada y mutuamente enriquecedora, elegida libremente por los abuelos, no el resultado de una obligación impuesta por sus hijos, ni "autoimpuesta".

En conclusión, es necesaria la sensatez y el equilibrio para evitar que el cuidado de los nietos se acabe convirtiendo en una situación de auténtica esclavitud para los abuelos (y, sobre todo, las abuelas). Nuestros adultos mayores también necesitan cuidarse a sí mismos, envejecer activamente, estar sanos y ser felices.

Clínica Panaderos
Cuídate y déjanos cuidarte!!!

jueves, 22 de octubre de 2015

Abuelas esclavas y envejecimiento activo (I)

Titulamos esta entrada "abuelas esclavas", aunque también hay abuelos esclavos, pero el porcentaje de mujeres es bastante más alto. Eso no quita para que reconozcamos el trabajo tanto de ellas como de ellos y, a nivel de salud, nos preocupen los problemas que les causa a los dos sexos el "síndrome del abuelo esclavo".

Imágenes de es.123rf.com
Las dificultades de conciliar la vida familiar y laboral hacen que muchas personas tengan que recurrir a los abuelos para el cuidado de sus hijos, situación que se ha agravado con la crisis económica y las consecuentes dificultades para pagar una guardería o a una empleada doméstica (o canguro). Y oímos frecuentemente expresiones como: "Yo no llevo a la niña a la guardería, la dejo con mi madre, que está encantada".  Cuando "dejarla con mi madre" significa que una mujer de más de setenta años tiene que pasar ocho horas diarias, a partir de las 7:30 de la mañana, cuidando de un bebé durante once meses al año, la afirmación "está encantada" despierta muchas dudas. A veces vemos en la consulta a abuelas estresadas, con problemas para dormir, agobiadas por la responsabilidad, con agravamiento de patologías músculo-esqueléticos, tensión arterial descontrolada, angustiadas, depresión... Y que no se atreven a decir nada a sus hijos o no quieren decírselo, porque asumen el cuidado intensivo de los nietos como una responsabilidad propia.

¿Entonces los abuelos no deberían cuidar a los nietos? Pues sí, pero en su justa medida. Todo es cuestión de circunstancias concretas y también, por qué no decirlo, de cantidad. La principal responsabilidad de los abuelos respecto a sus nietos es disfrutar con ellos, además de transmitirles una serie de valores y experiencias de una manera que otras personas no podrían. Pueden contribuir a su cuidado y educación desde su papel de abuelos, no de padres sustitutos o madres en funciones, puesto que no lo son. Además, como decimos, es cuestión de circunstancias concretas: 

¿Qué edad y estado psicofísico tiene la abuela? ¿Y el nieto o la nieta? Por ejemplo, si la abuela tiene algún problema de movilidad, o de dolor de espalda crónico, la situación ideal no es cuidar varias horas a un niño que está aprendiendo a andar, o a un niño de tres años hiperactivo, que no para ni un momento.

¿Cuántas horas tiene que hacerse cargo de su nieto? En general, sin tener en cuenta otras circunstancias especiales, cuanta menos edad tiene el niño, menos horas puede hacerse cargo de él, por simple cuestión de desgaste y estrés. Recoger a un nieto de ocho años del colegio, llevarlo a casa a comer y tenerlo un par de horas puede no ser un gran sacrificio, pero tener a dos gemelos de año y medio toda la mañana es otra cosa totalmente distinta. También es completamente distinto cuidar durante unos días a un nieto que, por una gripe, no puede ir al colegio, que asumir esa responsabilidad mes tras mes y año tras año.

¿El carácter del nieto tiene alguna importancia? Pues sí. Sobre todo si el nieto presenta problemas de comportamiento como el llamado "síndrome del emperador" o es un preadolescente o adolescente que tiende a retar todas las normas. El efecto psicológico en los abuelos puede ser devastador. Hace poco nos comentaron el caso de un abuelo de casi ochenta años que todos los viernes y sábados no puede acostarse antes de las dos de la mañana, porque tiene que coger el coche y conducir varios kilómetros para ir a buscar a su nieta de quince años, ¡que está en la discoteca! Y, si se intenta negarse, la nieta grita, rompe cosas, amenaza o, simplemente, se escapa de casa.

En la segunda parte de esta entrada abordaremos las dificultades de aunar el cuidado intensivo de los nietos con el envejecimiento activo. Entretanto, queremos dejar una reflexión: para muchos padres y madres, el cuidado y bienestar de sus hijos son la prioridad absoluta, pero... ¿dónde queda el bienestar de los abuelos?

Clínica Panaderos
Cuídate y déjanos cuidarte!!!

viernes, 7 de agosto de 2015

Memoria y Alzheimer, en "Saber Vivir" de TVE

Dentro del programa "La mañana", de Televisión Española, concretamente en la sección "Saber vivir" del día 6 de agosto ha sido entrevistado el Dr. Vicente Fernández -Merino, neuropsicólogo de Clínica Panaderos, quien ha hablado sobre la memoria y el alzheimer. A lo largo de la entrevista ha dado consejos para mejorar la memoria como: leer todos los días, visualizar, repensar, los juegos de mesa o tomar nueces. También ha aclarado que los pequeños olvidos cotidianos son normales y que el alzheimer no tiene por qué estar ligado a la herencia genética, sino que está más bien asociado al modelo de vida de la persona en concreto.

Si te perdiste la entrevista, puedes verla aquí. Pincha con el ratón sobre la parte inferior de la ventana (en la línea roja) y luego pulsa "Ctrl Enter" para verla en pantalla completa.




lunes, 30 de marzo de 2015

Combate el estrés: no hagas nada

Sí, lo sabemos: el título de esta entrada puede parecer paradójico: ¿Cómo vamos a conseguir combatir el estrés sin hacer nada para combatirlo? Pero no, no es eso, se trata de hacer algo para combatirlo: hacer precisamente "nada".

Primero aclararemos un poco de qué estrés estamos hablando. La RAE define es estrés como "tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves". En realidad el estrés es una respuesta del organismo a determinados estímulos y a veces es necesario para superar la situación que lo ha provocado. Por poner un ejemplo lejano, una cebra al percibir la presencia de una manada de leones, sufrirá un estrés agudo que es el que la impulsará a correr desesperadamente para ponerse a salvo. Si lo consigue, ese estrés le habrá servido para salvar la vida. Igualmente, para las personas hay circunstancias en las que el estrés es necesario y positivo: un proyecto de trabajo importante, que hay que terminar en un plazo concreto, por ejemplo, necesitará toda nuestra atención y capacidades, y una dosis apropiada de estrés positivo nos servirá para resolver la situación adecuadamente.

Pero no hablamos de eso, sino de ese estrés crónico que se va acumulando y parece que se ha quedado a vivir con nosotros. Y no siempre es una respuesta a situaciones complejas, sino a otras que no podemos controlar y que, aunque podamos sobrellevarlas, van haciendo mella en nosotros: un atasco de tráfico diario al ir al trabajo, estar permanentemente cuadrando nuestra agenda y la de toda la familia, un entorno de trabajo negativo y/o desagradable, aunque no en exceso, vecinos muy ruidosos... Situaciones que aisladamente no son graves, pero que se van sumando en nuestro organismo y pueden tener consecuencias perjudiciales a largo plazo: ansiedad, depresión, insomnio, patología cardiovascular, diabetes, asma, cáncer, hipertensión, osteoporosis, deterioro cognitivo...

Hay personas que optan por frenar, por vivir la vida de otra manera, con más conciencia, disfrutando más del momento. Ya hablamos de ello en otra entrada de este blog: El movimiento "Slow" y otras ideas para frenar a tiempo. Pero tal vez no estés pensando en un cambio tan radical (si puede decirse así) y necesitas algo más inmediato, más fácil, más para ahora mismo. Y eso es lo que vamos a recomendarte hoy: que no hagas nada. Literalmente: que dediques unos pocos minutos a no hacer nada. Por supuesto, no nos referimos a estar en el sofá enfrente de la televisión con la tablet encima de las piernas revisando las actualizaciones de Facebook, mientras en una mano tenemos el móvil para leer o enviar "Whatsapps", y con la otra alternamos el tablet con el mando a distancia para ir haciendo zapping. Eso no es relajarse, no es desconectar, no es "no hacer nada".

Un rato de meditación al día indudablemente puede ayudar a rebajar tu nivel de estrés. Sin embargo, los requisitos necesarios para llevar a cabo una sesión de meditación tradicional (ropa cómoda, un ambiente tranquilo y sin ruidos, a ser posible en contacto con la naturaleza...) no están al alcance de todos en todo momento.

No hacer nada durante unos minutos puede ser muy beneficioso para el rendimiento laboral. La "inacción" durante 5 minutos puede servir para que los 55 siguientes sean mucho más productivos. Pero nuestro interés principal no es tu rendimiento laboral, sino tu satisfacción personal. Dedicar 5 minutos a no hacer nada puede ayudarte a que tu mente deje de saltar de acá para allá, de ocuparse de mil cosas y pueda volver al aquí y ahora, a centrarte en ti mismo (¿"mindfulness", o sea, conciencia plena?) y librarte de todo lo que no es importante o no estás procesando adecuadamente. Una buena manera de no hacer nada es focalizar la atención en tu respiración: respirar despacio y profundamente, inspirando por la nariz y expirando lentamente por la boca y concentrarte solamente en eso, en el aire que entra, tus pulmones que se expanden, el aire que va saliendo lentamente mientras el diafragma desciende.... Eso se puede hacer casi en cualquier sitio y realmente ayuda. De hecho, es uno de los ejercicios más típicos del "mindfulness" para principiantes (y no tan principiantes).

Es un ejercicio interesante, pero no es el único. Hay otras técnicas, pero dependiendo de tus circunstancias, tu entorno laborar y familiar, puedes tener acceso a situaciones que te faciliten esos minutos de no hacer nada. Si en tu oficina o en casa hay un jardín, aprovecha para respirar al aire libre y, si es posible, "siente" el sol. Si hay una fuente cerca, escucha el sonido del agua, céntrate sólo en él. O en el paisaje, en un parque, en unas flores, en... Lo que sea que te sirva a ti para sentir el momento, para no pensar ni en lo que vendrá después, ni en lo que acaba de pasar, ni en lo que tendrás que resolver... Sólo en ti y el borboteo del agua, sólo en ti y el color de las plantas, sólo en ti y tu respiración. Si lo consigues, el beneficio de esos cinco minutos se extenderá durante horas y, si es necesario, lo puedes repetir varias veces a lo largo del día.

Así que ésa es nuestra propuesta de hoy. Durante unos minutos al día, no hagas nada. Al fin y al cabo, no estarás perdiendo esos minutos: estarás invirtiéndolos en ti, en tu salud, en tu bienestar. ¿Se puede hacer mejor inversión?

miércoles, 6 de agosto de 2014

La memoria: preocupación ante el Alzheimer

  “¿Te acuerdas cuando hablábamos todo seguido?”   

Esta frase, oída en tono jocoso a una persona de mediana edad, revela sin embargo una preocupación creciente en nuestra sociedad. Aquella que deriva de la disminución de una capacidad imprescindible para envejecer con calidad de vida en un mundo como el actual, en el que la vejez se encara, en general, con buena salud. Las expectativas de los mayores se centran cada vez con mayor frecuencia en la realización de actividades que requieren una memoria en las mejores condiciones para poder efectuarlas, y por lo tanto, la conciencia de una disminución en esa capacidad es vivenciada, cuando menos, con una cierta ansiedad.

Por otra parte, los descubrimientos progresivos en enfermedades como el Alzheimer, cuya primera manifestación suele ser la pérdida de memoria, y su difusión a través de los medios de comunicación contribuyen a crear un estado de preocupación en la población que se libera también en frases humorísticas como la que escuchaba, no hace mucho a dos personas ante la dificultad que tenía una de ellas para recordar un nombre: “Es que el Alzheimer no perdona, muchacho...”.
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Ante esta situación, lo primero que hay que hacer es tranquilizarse No todas las dificultades de memoria son síntomas de esa enfermedad, ni siquiera tienen que ser constitutivas de enfermedad alguna. No debemos olvidar que la memoria es una de las facultades superiores más sensibles a cualquier estado de ánimo que tengamos. Así una sobrecarga de preocupaciones, o una situación de estrés, pueden, en un momento determinado, producir bloqueos que den la impresión de alteraciones de memoria, y una preocupación excesiva por esa cuestión contribuirá, sin duda, a agravarla. ¿Quién no ha tenido la impresión de no saber nada ante un próximo examen, o quién no ha olvidado algo alguna vez? Por eso, la primera actitud que debemos tomar ante la conciencia de que nuestra memoria falla, es la tranquilidad.
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Si el problema continúa y notamos que va a más, entonces es el momento de consultar con un especialista, que valore de manera integral esa cuestión y sus orígenes. Una vez realizada la evaluación neuropsicológica  será el momento de poner remedio a través de ejercicios de rehabilitación bien planteados que, cuando menos, nos ayuden a mantener en forma y a paliar las deficiencias de nuestra memoria.

En esta cuestión, como en todas las de la vida, es más fácil prevenir que curar. Sobre todo si vamos entrando en años y se une el efecto del paso del tiempo sobre nuestras capacidades cerebrales. A veces, no lo olvidemos, es más perjudicial el temor a la enfermedad que la enfermedad en sí misma, y cuanto antes despejemos nuestras dudas será mejor y, sobre todo, nos ayudará a vivir la vida con una mayor calidad, que es, en definitiva, el fin hacia el que debemos caminar.


Dr. Vicente Fernández-Merino
Jefe de Servicio de Neuropsicología - Clínica Panaderos
Cuídate y déjanos cuidarte!!!

martes, 1 de julio de 2014

Entrevista al Dr. Vicente Fernández-Merino en Radio Intereconomía

El pasado 29 de junio, nuestro neuropsicólogo, Dr. Vicente Fernández Merino, habló en Radio Intereconomía sobre Alzheimer: ¿cualquier fallo de memoria a ciertas edades debe ponernos en alerta? ¿El Alzheimer está sobre diagnosticado? ¿Es una enfermedad genética o ambiental? ¿Qué hacer cuando recibimos la noticia del diagnóstico sobre un familiar cercano? ¿Qué papel debe desempeñar la familia? ¿Quién será el cuidador principal? ¿La pseudodemencia depresiva es Alzheimer? Cuestiones que preocupan, e incluso angustian, a muchas personas actualmente.

Si te la perdiste, aquí te dejamos el audio. Seguro que lo encontrarás interesante.


lunes, 27 de enero de 2014

Vivir plenamente: Envejecimiento activo

La vejez es una etapa de la vida que muchas personas temen. El inevitable y progresivo declive de las capacidades físicas y mentales acaba en lo que ha sido una constante en el ser humano a lo largo de toda la historia: el temor a la muerte. A este temor se suman otros, también angustiosos, por ejemplo a ser cada vez más dependiente de los demás y a la soledad. Según vamos "quemando etapas", de la infancia a la adolescencia, juventud y posteriormente la madurez, vamos acumulando experiencias (pérdida de seres queridos, situaciones personales difíciles...) que nos van haciendo tomar conciencia de esa etapa final. Incluso en el lenguaje se van acuñando términos para evitar hablar de vejez o de viejos: la tercera edad, la edad dorada, los "adultos mayores"...

Sin embargo, no todas las personas envejecen de la misma manera. De hecho, la vejez es la etapa en que las diferencias individuales son mayores. Una persona de 75 años puede llevar una vida extremadamente limitada, necesitada de mucha ayuda, mientras que otra es perfectamente capaz de valerse por sí misma, de realizar múltiples actividades y llevar lo que entenderíamos como una "vida plena". Esta diferencia entre unos y otros se debe en parte a factores biológicos, pero también al estilo de vida: alimentación, actividad física, mental y social... El declive es inevitable, pero la rapidez de ese declive y la calidad de vida no.

Para la Organización Mundial de la Salud, el envejecimiento activo es "el proceso de optimización de oportunidades para luchar por la salud, por la participación activa en la vida y por la seguridad de alcanzar calidad de vida cuando el ser humano envejece." (Documento Envejecimiento Activo, Segunda Asamblea Mundial de las Naciones Unidas sobre el Envejecimiento, Madrid, abril de 2002). Aunque no todos los especialistas, colectivos y organizaciones definen el envejecimiento activo de la misma manera, estos tres pilares básicos siempre están presentes: salud, participación activa y seguridad.

No vamos a realizar aquí una extensa exposición sobre estos pilares del envejecimiento activo. Hay muchísimo material, tanto en papel como en Internet, y no creemos que merezca la pena copiar por copiar. No obstante, consideramos muy claros los cuatro aspectos que, en la página web Vivir con vitalidad  presenta la profesora Rocío Fernández-Ballesteros (psicóloga clínica especialista en este tema), cuando habla del plan de vida que debe trazarse la persona que desee envejecer bien, para mejorar: su salud, su funcionamiento cognitivo, su afectividad y su implicación y compromiso social.

Hay que proponerse, pues, trabajar activamente cuatro áreas, que podríamos llamar:

  • La  salud física, a través de hábitos saludables: alimentación, ejercicio físico, evitar hábitos nocivos (no fumar, beber con moderación, sedentarismo...)
  • La salud intelectual,  mediante la actividad mental: juegos de mesa, crucigramas, lectura, actividades de desarrollo de la memoria, problemas de lógica y razonamiento, incluso aprovechando las Nuevas Tecnologías, etc., puesto que los nuevos aprendizajes compensan el declive de otras capacidades, como la memoria. Mantener la mente activa es fundamental.
  • La salud emocional, el control de la propia vida y la percepción de eficacia: emociones y bienestar, control de la propia realidad, afrontar el estrés, saber que vamos a ser capaces de desarrollar determinadas tareas y obtener resultados positivos.
  • La salud social, cultivando las relaciones con la familia, los amigos y la comunidad: no sólo ser cuidado, sino cuidar, cultivar las relaciones familiares y las amistades, participar activamente en la comunidad, enriquecer a otros con nuestra la experiencia y el saber acumulados, implicarse en la realidad política y social...). 

Pero estas cuatro áreas no pueden ser consideradas estrictamente separadas, pues todas interactúan, de manera que el desequilibrio de una de ellas, si no es corregido adecuadamente, acabará perjudicando a las otras y, en consecuencia, a la persona. Por ejemplo, no es difícil que una persona con una vida social muy limitada sienta una soledad que acabe desembocando en una depresión: la falta de salud social habrá perjudicado su salud física y emocional.


Es importante "trazarse un plan de vida", pues implica la decisión de "hacer", de no dejar pasar el tiempo sin más, de comprometerse consigo mismo y con los demás para mejorar nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra calidad de vida y, por ende, la de quienes nos rodean.

Por nuestra parte (éste no deja de ser el blog de una clínica), los profesionales de la salud podemos ayudar a las personas en su camino de envejecimiento activo. La medicina preventiva, los chequeos regulares, las pautas de medicación, alimentación y ejercicio adecuado..., una serie de aspectos en los que tu médico, con el apoyo de enfermeras, psicólogos y otros especialistas puede ayudarte a trazar ese plan de vida para envejecer bien.

Al fin y al cabo, todos acabamos envejeciendo, pero, en buena medida, está en tu mano envejecer bien. 

Terminamos esta entrada con una anécdota que presenciamos hace poco tiempo. Una persona de cierta edad, ya con presbicia (vista cansada) se quitó las gafas para poder leer el periódico, mientras decía a su compañero de mesa: "Qué malo es cumplir años". El otro, le respondió de inmediato: "¡Es mucho peor no cumplirlos!"

martes, 27 de agosto de 2013

¿Otra vez el "síndrome postvacacional"?


Leemos estos días mucho en la prensa sobre el llamado síndrome postvacacional. Así que esta entrada no va a ser una repetición más de síntomas, posibles remedios, etc. Queremos, más bien, ofrecerte otro punto de vista que desdramatice un poco tanto dato. Vaya por delante que, si volver de las vacaciones a tu rutina diaria te causa realmente un problema, debes consultar a tu médico, puesto que los síntomas de dicho síndrome podrían estar enmascarando otro tipo de estado de angustia, depresión u otra afección subyacente.

lunes, 5 de agosto de 2013

El movimiento "Slow" y otras ideas para frenar a tiempo


Acaba la jornada en la oficina, recojo a la niña, la llevo a clase de inglés, mientras, yo tengo la de aerobic, la recojo otra vez, conduzco hasta casa pero, por el camino, aprovecho para parar un momento en el supermercado y hacer la compra más urgente, llegamos a casa, ducha de la niña y mía, preparo la cena, recojo trastos mientras se la come, se lava los dientes, le leo un cuento, niña a dormir, cenamos los mayores, luego queda un trabajo por terminar que me llevé de la oficina, lo termino, veo un poco la tele, se me cierran los ojos en el sofá... A las 12:30 a la cama, a las 6:30 suena el despertador y vuelta a empezar!!!

La vida muchas veces se acaba convirtiendo en un sucesión de actividades a un ritmo frenético: corremos para esto, para lo otro, corremos, corremos, corremos y muchas veces no sabemos ni por qué corremos tanto. Y claro, todo eso supone una montaña de agobio y estrés, que intentamos romper en vacaciones. Quince días o un mes para "recargar las pilas" y volver a lo de siempre.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Tiempo de crisis... Tiempo de empatía

Vivimos tiempos difíciles, no hay duda. Las noticias a diario nos preocupan, a veces nos angustian y pueden llegar a obsesionarnos. Los periódicos, la televisión, la radio, Internet, etc., nos abruman con el paro, la prima de riesgo, los recortes de sueldos y prestaciones, las subidas de impuestos, el coste de la vida que se dispara... Muchísimas personas lo están pasando mal y otras muchas están atemorizadas pensando en que pueden perder su trabajo, en que sus condiciones son cada vez más precarias. No es que se vean nubes de tormenta, es que el chaparrón ya nos está cayendo encima y no sabemos cuándo parará.