domingo, 12 de febrero de 2017

Propósitos de Año Nuevo: ¿Todavía te duran? (y II)

En nuestra entrada anterior hablábamos dábamos algunas ideas para que puedas conseguir que tus propósitos de Año Nuevo, o al menos algunos de ellos, lleguen a buen puerto. A continuación te vamos a ofrecer algunas herramientas más, por si estás decidido a no abandonarlos definitivamente (hasta la próxima Nochevieja.

Hablábamos de que que el primer paso para conseguir un propósito está en convertirlo en un objetivo operativo y planificar adecuadamente las acciones que nos llevarán a lograrlo. Por supuesto, a continuación necesitamos la determinación para realizar esas acciones que hemos planificado. Pero, si en otras ocasiones no has conseguido ninguno de esos propósitos de Año Nuevo, ¿no habrá sido por dejarlos en simples propósitos, en lugar de concretarlos adecuadamente? Tal vez te pasa lo mismo año tras año. Así que conviene recordar esa famosa frase atribuida a Einstein: "Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo". Por tanto, tendríamos que plantearnos cambiar la manera de abordar nuestros objetivos. Una buena idea puede ser apoyarnos en herramientas que nos permitan cambiar nuestra perspectiva y planificar nuestra vida diaria de otra manera.
Wunderlist, conocida app GTD

Hay diversas maneras, pero podríamos aplicar la metodología GTD para lograr alguno de nuestros propósitos. GTD quiere decir "Getting Things Done", que podríamos traducir simplemente por "Hacer las cosas", o mejor, "Conseguir hacer las cosas". Aunque se suele aplicar mayoritariamente a la productividad laboral, podríamos utilizarla perfectamente para conseguir nuestros objetivos personales y organizar nuestra vida. Hay aplicaciones multiplataforma para ordenador, smartphones y tablets, como Wunderlist, que pueden ayudarnos a organizar nuestras tareas estableciendo subtareas, recordatorios, fechas límite, prioridad, etc. Aunque nos gusta bastante, hay otras muchas que pueden servirte: Todoist, Any.do, etc.

App para contar sentadillas
Si tu propósito principal es hacer más ejercicio para ponerte en forma, también hay aplicaciones que pueden ayudarte y mantenerte motivado. Algunas apps están ligadas a "wearables" específicos, como las pulseras y relojes de actividad de Fitbit o pertenecen a marcas de accesorios deportivos, como Nike+ Running, o Runtastic, plataforma de software y hardware integrada en Adidas. Pero también hay otras gratuitas con tablas de ejercicios para hacer en casa, como las de Daily Workout Apps, otras aplicaciones más sencillas para contar flexiones (abdominales, sentadillas...), o para hacer yoga, como Daily Yoga...

También hay aplicaciones para ayudarte a dejar de fumar, como Smoke Free, tanto para Android  como para iOS, al igual que QuitNow! para iOS y Android

Si otro de tus propósitos pendientes es aprender un idioma, puedes aprovechar Busuu , así como Duolingo, ambas disponibles para Android, iOS o Windows. Aunque hay otras muchas, estas os están entre las más conocidas y valoradas.

Y, por fin, el último de los propósitos más frecuentes es pasar más tiempo con amigos y familiares. Y para ello no te vamos a recomendar ninguna aplicación, sino todo lo contrario: apagar el móvil o tablet y disfrutar de una buena conversación, un paseo, un café, una llamada telefónica o de las de toda la vida. En los contactos con las personas que más aprecias, siempre que la distancia lo permita, nada mejor que el cara a cara.

Cuídate y déjanos cuidarte!!!

Nota: Clínica Panaderos no tiene vinculación comercial, ni de ningún otro tipo, con las aplicaciones aquí presentadas. Sólo las incluye por ser representativas de una categoría, dentro de la cual tienen altas valoraciones por parte de los usuarios, y por ser gratuitas, al menos parte de sus funcionalidades.




domingo, 29 de enero de 2017

Propósitos de Año Nuevo: ¿Todavía te duran?

Han pasado pocas semanas desde las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes, días proclives a los propósitos de siempre: dejar de fumar, adelgazar, hacer más ejercicio, leer más y ver menos la tele... Propósitos que duran lo que duran. Según algún estudio, hay muchos propósitos que duran unos 12-15 días. Otros, un par de meses. Como muestra, respecto a hacer ejercicio, enero es el mes en que más personas se apuntan al gimnasio. En marzo, la mayoría de los que se apuntaron en enero ya lo han abandonado. ¿Y por qué se produce este abandono?

Hay diversas causas, pero la más importante es que los propósitos son algo muy general y bastante impreciso. Por ejemplo, si tu propósito es "tengo que adelgazar", puedes adelgazar 50 gramos o 10 kilos. En ambos casos habrás cumplido tu propósito, pero es muy probable que, si adelgazas 50 gramos, no estés satisfecho con tu logro. Para incrementar las posibilidades de conseguir esos propósitos, debemos transformarlos en objetivos operativos, mucho más concretos. Deberías saber cuánto quieres adelgazar, en qué plazo y si es un objetivo realista, para lo cual puede ser conveniente una consulta a tu médico. No todas las dietas son iguales ni el ritmo de adelgazamiento es el mismo para todos. Siguiendo la misma dieta, no va a adelgazar lo mismo una persona que pese 110 kg que otra que pese 56, evidentemente. Además, lo más importante es tu salud y, en eso, los profesionales podemos ayudar más que los consejos de amigos, familiares o compañeros de trabajo. Y recuerda, además, que en cuestión de pérdida de peso, los Reyes no existen.
¿Te hiciste demasiados propósitos?

Pero bueno, lo de la pérdida de peso es solamente un ejemplo, por ser uno de los propósitos más deseados y, también, que antes se abandonan. Ya hemos dicho que los propósitos se deben concretar en objetivos  más operativos, esto es, realistas, medibles, con plazos concretos y se deben formular por escrito para tenerlos presentes. También es una buena idea compartirlos con personas cercanas y, si es posible, que tengan el mismo objetivo. Es más fácil lograr un objetivo compartido que si lo haces solo tú y lo mantienes en privado. El apoyo y la motivación de otras personas en momentos de pereza pueden ayudar a vencer esa resistencia que nos hace abandonar los propósitos de año nuevo.

Así que, si este año, como muchos otros, tu lista de buenos propósitos va quedando relegada y sientes, como en muchas otras ocasiones, cierta frustración por no haberlos alcanzado, te recomendamos que retomes esa lista, ya sea física o mental, y hagas lo siguiente:


  • Elige uno solo de esos propósitos. Puede ser el que más frustración te cause, el que sea mejor para mejorar tu salud, o el que más te motive. Y mejor si es uno que reúna esas tres características.
  • Formúlalo por escrito en términos alcanzables, medibles y no demasiado ambiciosos. Recuerda: no "hacer deporte siempre", sino "caminar media hora tres días a la semana los próximos tres meses". 
  • Compártelo con amigos y familiares. Podrán recordártelo y, si alguien se anima a hacerlo contigo, te será más llevadero estas primeras semanas.
  • Tenlo a la vista: cuélgalo en una nota en un lugar visible, o configura recordatorios en tu móvil para que los primeros días "no se te olvide". Hay aplicaciones muy interesantes para que tu smartphone te ayude.
  • Fija un "disparador": un momento que se repita diariamente. Por ejemplo, cuando hayas jugado con tus hijos, antes de cenar, o cuando saques a pasear al perro... Un momento que sepas que va a pasar y que es adecuado para que te acuerdes de cumplir tu propósito. 
  • No abandones si un día no puedes cumplirlo: si por circunstancias no puedes caminar media hora, mejor camina diez minutos en lugar de decir: "mañana salgo". Cumplir un poco menos es más positivo que posponer. Anota en un calendario los días que realizas la actividad que te has propuesto, para poder hacer un seguimiento de tu desempeño.
  • Prémiate si lo vas consiguiendo y, una vez tengas consolidado tu objetivo, sube un poco el listón: tres veces a la semana 45 minutos de caminata, o sigues con media hora, pero cuatro días. Si has logrado lo primero que te propusiste, serás capaz de conseguir un poco más. 
Y si, por lo que sea, no consigues ese primer objetivo, no es necesario que esperes al próximo Año Nuevo. Comprueba si necesitas reformularlo y el primer día del próximo mes, por ejemplo, puede ser un buen día para empezar con más fuerza. Si ya tienes la intención de mejorar, solo necesitas dar un primer paso. Y luego otro...


domingo, 15 de enero de 2017

De niño mimado a tirano (y III): ¿Y si ya lo tenemos en casa?

En De niño mimado a tirano (I) hablábamos sobre las características de aquel y en qué momento traspasa el límite y se vuelve un tirano. En la segunda entrada sobre este tema tratábamos de dar pautas para evitar que se produzca esa transformación. Ahora tenemos que hablar de qué hacer si el niño ya es un tirano, si ya lo tenemos en casa y estamos, o él cree que estamos, bajo su dominio.

Cuando el niño o adolescente ha empezado a ejercer cierta violencia filioparental, ya sea psicológica, o incluso física, es evidente que hay que hacer algo. Y hacerlo pronto. Gritos, golpes o patadas a las puertas, sillas y otros muebles, dan paso a insultos, amenazas y pueden llegar a las agresiones físicas. Y son, por tanto, los primeros indicios inequívocos que de hay que actuar. Como ya dijimos anteriormente, el problema es serio. Según la Fiscalía General del Estado, se estima que en 2014 el 9% de los padres había sufrido alguna agresión física de sus hijos y cerca del 40%, violencia verbal o emocional. Y las más de 10.000 denuncias que, según algunas fuentes, se produjeron en 2015 por casos de violencia filioparental son la prueba de que es necesario hacer algo cuanto antes, para evitar llegar a estos extremos.

Imagen de es.123rf.com
Lo primero que tenemos que admitir es que la situación no va a mejorar por sí sola. El niño no va a madurar de repente, no va a volverse respetuoso y responsable de la noche a la mañana porque sí. Muchos progenitores se refugian pensado que son solamente signos de inmadurez, que hay que esperar y darle tiempo. Pero no es cierto. ¿Por qué habría de cambiar un niño al que así normalmente le va bien? Aunque tenga broncas y enfrentamientos, suele conseguir bastante de lo que persigue: le dan todos sus caprichos (o la mayor parte) y no le exigen responsabilidades. Así que, ¿para qué cambiar? Pero, tanto para su educación, como para la dinámica familiar, es imprescindible poner remedio a esta situación.

Lo segundo que debemos aceptar es que, si se ha llegado a estos extremos, muy posiblemente no seamos capaces de arreglarlo nosotros solos. En la mayoría de las casos hace falta pedir ayuda a un especialista, normalmente psicólogo o psicóloga con experiencia en niños, adolescentes y terapia familiar, que podrá orientarnos y realizar las oportunas intervenciones, las cuales habitualmente exigirán la implicación de toda la familia, pues quien está afectado no es sólo el niño, sino toda la unidad familiar. Y es posible que se haya llegado a esa situación límite, no sólo por el comportamiento de niño tirano, sino por la respuesta de los demás miembros de la familia a las constantes demandas de ese niño. Si no conocemos a ningún psicólogo especializado en estos temas, es muy posible que nuestro médico de familia pueda orientarnos para encontrar a la persona adecuada.

También es importante convencerse (a ello nos ayudará el especialista) de que no se trata de buscar culpables, sino soluciones. No es infrecuente que surjan tensiones entre los miembros de la pareja, sobre la actuación de uno de ellos en la educación del hijo: "Le has consentido demasiado, tenías que haber hecho esto o lo otro, lo has mimado mucho..." Eso sólo agrava las tensiones familiares y empeora el día a día, además de que normalmente no es cierto, pues estos casos no suelen ser responsabilidad de una sola persona. Así que, insistimos, no debemos buscar culpables, sino soluciones. El especialista nos ayudará a identificar las causas y, sobre todo, a encontrar las respuestas que debemos dar a las distintas situaciones que se nos vayan planteando en esta etapa de cambio y mejora.

Y, una vez hemos decidido hacer algo y pedir ayuda, debemos aceptar que no hay soluciones inmediatas y armarnos de paciencia, pues normalmente este problema se ha ido gestando a lo largo de años y la intervención familiar llevará tiempo. Con suerte, sólo unos meses, pero es posible que más. Además de esa paciencia también tendremos que mantenernos firmes: los cambios y actuaciones en que nos vaya guiando el especialista tienen que ser un compromiso a largo plazo. Normalmente las primeras semanas serán difíciles, pues el niño tirano verá amenazado su estatus y puede reaccionar enérgicamente. Pero, si nuestra respuesta es firme y decidida, acabará por ir modificando sus exigencias y adaptándose a una nueva dinámica familiar en la que ganará él y todo su entorno cercano.

Por último, en casos extremos, no quedará más remedio que pedir ayuda a los servicios sociales. Aun cuando pudiera parecer una solución impropia de unos padres o un fracaso, lo cierto es que, a veces, es la última salida para conseguir el bienestar de todos: el niño y sus familiares. Y para evitar llegar a ella es muy importante actuar cuanto antes, con decisión y acudiendo a quien pueda facilitarnos el proceso. No olvides que pedir ayuda no es una declaración de debilidad, sino un acto de valentía.

Área de Psicología - Clínica Panaderos

jueves, 22 de diciembre de 2016

Navidad, niños y alcohol: por un poco, sí pasa

Últimamente estamos recibiendo cantidad de noticias relacionadas con los preadolescentes y el consumo de alcohol, en el cual se van iniciando a edades cada vez más tempranas. A la desgraciada noticia de la muerte de una niña de 12 años en un pueblo de Madrid el pasado 1 de noviembre han seguido otras de menores de edades similares en estado grave, después de participar en botellones y actividades de ese estilo, normalmente durante su tiempo de ocio. 

Por otra parte, estas fiestas que empiezan a menudo vienen acompañadas por el consumo de alcohol, frecuentemente en cantidades considerables, durante las reuniones familiares. Empezamos con una cervecita con las tapas, seguimos con el vino blanco para acompañar el marisco y/o pescado, después el tinto con la carne, luego -si se tercia- un oporto u otro vino dulce con los turrones y, después, el champán para brindar. Más tarde, con la sobremesa, todavía pueden caer unos chupitos o un gin-tonic.

Los niños, incluso de pocos años, participan de ese ambiente y no es raro que, en el momento culmen del brindis tras las uvas, pidan un poquito de champán para brindar ellos también. Y tampoco es raro que algún miembro de la familia diga: "Por un poco, no pasa nada", y se lo dé.
Imagen de 123rf

Pero por un poco, sí pasa. En primer lugar, el efecto del alcohol en los niños es mucho más grave que en adultos, pues tanto su cerebro como otros órganos, especialmente el hígado, están todavía en proceso de formación, por lo que son mucho más vulnerables a su ingesta. Pero, al ser éste un consumo esporádico y en muy pequeñas cantidades, no es lo que más nos preocupa. Lo peor de esta permisividad es reforzar en los niños las ideas de que, para divertirse, hay que beber y de que, en ocasiones especiales, está permitido hasta para ellos. Además, el interés que normalmente tienen los pequeños por parecerse a los mayores, por hacer lo que hacen ellos y ser como ellos en este caso, desde luego, no ayuda.

Por eso, te deseamos muy felices fiestas y este año te recomendamos que, si consumes alcohol durantes las celebraciones, lo hagas con moderación y que no ayudes a los niños a iniciarse en su consumo. Porque por un poco, sí pasa.

Felices fiestas y un año nuevo lleno de salud, alegría y bienestar

Dr. J.M. López Matía
Director médico de Clínica Panaderos
Cuídate y déjanos cuidarte

domingo, 11 de diciembre de 2016

De niño mimado a tirano (II): ¿cómo evitarlo?

En nuestra anterior entrada hablábamos sobre los niños excesivamente mimados, que pueden convertirse en tiranos, y dejábamos dos cuestiones pendientes: ¿Cómo evitamos llegar a este extremo? ¿Y qué hacemos si ya nos encontramos en él?

En el caso de la primera, las propias características de un niño excesivamente mimado nos dan las claves sobre cómo evitarlo.La primera de ellas, reclamar constantemente la atención de los demás puede indicar un excesivo egocentrismo, así como cierta inseguridad personal: necesita que todos estén pendientes de él, porque él es lo más importante (incluso lo único importante) o porque no se siente arropado, valorado, atendido debidamente. Lo peor que podemos hacer es incrementar nuestro nivel de atención hacia él: no se trata de cantidad, sino de calidad. Debe aprender que no es nuestro único centro de atención, aunque sea muy importante para nosotros, que tenemos que (o queremos) ocuparnos de otras personas y asuntos. Habrá que hacerle entender que, aunque no estemos constantemente pendientes de complacerlo, eso no significa que no nos importe.

Su baja tolerancia a la frustración (que puede dar lugar a los frecuentes episodios de enfado y ansiedad) es otra de las características en las que habrá que trabajar. A muchas personas, tanto niños como adultos, les cuesta entender que las frustraciones se van a presentar antes o después en la vida y, probablemente, se presentarán muchas más veces de las que pensamos. No podemos permitirnos evitárselas siempre mientras son pequeños, porque en algún momento se encontrarán frente a una situación frustrante ante la cual no dependa de nosotros "salvarlo" (un suspenso, un juguete de otro niño, un viaje que no puede o no podemos hacer, un móvil caro que no podemos permitirnos comprar...) y será mucho peor: pueden llegar a causarle grandes sufrimientos y reacciones desproporcionadas. El niño no puede huir siempre de la frustración, tiene que aprender a superarla. Para ello, deberá comprender que hay situaciones que no están a nuestro alcance para las que la única salida es la aceptación. Y habrá otras que pueda superar pero cambiando su estrategia, modificando su comportamiento, lo cual requerirá que reflexione (para lo cual, según su edad, puede requerir nuestra ayuda) y actúe en consecuencia. Por ejemplo, si se enfrenta a su primer suspenso, tendrá que saber en qué ha fallado, pensar cómo va a cambiar su forma de enfocar el estudio de esa asignatura, y luego actuar de acuerdo con ello. Nuestra labor como padres podrá centrarse en dotarlo de las herramientas para aceptar o superar la frustración, pero es nuestro hijo quien tiene que afrontarla.

Otro de los aspectos del niño mimado, la baja empatía, no es algo que pueda corregirse fácilmente. Lo mejor es trabajarlo desde que son pequeños, aunque más vale tarde que nunca: aprender a hablar de sus sentimientos, así como oírnos hablar de los nuestros le ayudará a identificar emociones, tanto positivas como negativas en él mismo y en los demás, lo cual es un primer paso importante para "ponerse en el lugar del otro", para entender qué siente y analizar por qué. Difícilmente podrá reconocer los sentimientos de otras personas si no es capaz de identificar los suyos y expresarlos adecuadamente.

Recoger también es tarea suya - Imagen de 123rf
En cuanto al desafío constante a las normas, que considera externas a él, hay que insistir en la necesidad de que el niño reconozca y respete las normas desde pequeño. Esto tiene dos vertientes: el conocimiento de las normas y de las consecuencias que tiene no respetarlas. En cuanto al primer aspecto, las normas, excepto en casos de familias monoparentales, deben ser acordadas entre los padres y explicadas adecuadamente al niño. Y es fundamental mantener el acuerdo, de manera que el niño no se aproveche de la persona más flexible, para pedirle a ella permiso y luego utilizarlo como pretexto ante la otra persona. Además deberán estar adaptadas a su edad, siempre fáciles de comprender e inamovibles (salvo en casos muy especiales). Y también deberemos hacer partícipes de ellas a otras personas que cuiden al niño o niña: abuela, tíos, una canguro o  empleada doméstica... En caso de los abuelos y tíos, especialmente los primeros, suelen ser más permisivos, pero tendremos que acordar con ellos unos límites que no se deben traspasar. Y conviene incluir entre las normas alguna que se refiera a su participación en las tareas del hogar, siempre adecuada a su edad, pero que le ayudará a educarse en la responsabilidad, sin contrapartidas innecesarias.

La segunda vertiente de las normas implica las consecuencias que tiene no respetarlas. Lo más sensato es, cuando expliquemos al niño una norma, explicarle la consecuencia de su incumplimiento, que se deberá haber fijado con antelación. Los castigos impuestos en caliente, y menos en medio de una discusión acalorada, frecuentemente no son proporcionados, ni adecuados para corregir la actitud inapropiada. Y es muy importante no amenazar con castigos que no vamos a cumplir. Lo de "como no dejes ya la videoconsola" te la voy a quitar para los próximos seis meses" puede ser desproporcionado y generalmente al final vamos a ceder y no lo vamos a aplicar. Es mejor fijar el tiempo que puede jugar a los videojuegos diariamente y, si un día se pasa, descontarle el tiempo al día siguiente: "Ayer tenías 45 minutos de juego y estuviste una hora y cuarto, así que hoy sólo te quedan quince minutos". Y cumplirlo a rajatabla, a pesar de sus protestas y su berrinche. Así irá aprendiendo que incumplir las normas no trae cuenta.

Un último aspecto importantísimo que los adultos tenemos que saber acerca de las normas es que no es necesario, ni apropiado, negociarlas todas con el niño. Algunas se pueden negociar, como la mejor hora para estar un rato jugando con el móvil o la tableta, pero no el tiempo máximo de uso, que es algo que debemos fijar los mayores con sentido común. Las normas que establecemos los adultos son por el bien del niño y de toda la familia y muchas de ellas no tienen por qué estar sujetas a un juego de negociación. Por mucho que el niño no esté de acuerdo. Y tampoco entraremos en un "si tú me das, yo te doy", del estilo de: "Hago los deberes si me dejas un rato más con el ordenador". Los deberes hay que hacerlos y punto. Y el tiempo máximo de ordenador ya debería estar establecido y ser respetado. Negociar determinadas normas importantes con un niño pocos años supone asignarle una responsabilidad que, por su corta edad y su escasa experiencia vital, no está en condiciones de asumir.

Para la próxima entrada dejamos el tema de qué hacer si ya nos encontramos ante un niño tirano.

Área de Psicología - Clínica Panaderos


sábado, 26 de noviembre de 2016

De niño mimado a tirano: ¿dónde está el límite?

Educar a los hijos es, sin duda, una labor difícil. No siempre se puede encontrar el equilibrio entre autoridad y libertad: hasta dónde debemos permitir y dónde están los límites adecuados. Últimamente se oye mucho el término "sobreprotección", con toda la carga negativa que conlleva. Es indudable que queremos proteger a nuestros hijos, que no les ocurra nada malo, evitar peligros, disgustos y malos ratos. Pero evitarles todo lo negativo, ¿va a hacer de ellos personas más responsables y capacitadas para enfrentarse a la vida?

Por otra parte, la baja natalidad en España en los últimos años muestra una consolidación en la tendencia del hijo único, lo cual ayuda a que, en muchos casos, el niño o la niña reciba toda la atención, todos los cuidados, todos los mimos y todos los recursos de su unidad familiar y que crezca siendo el centro de ella.

Otro aspecto a considerar es el retraso de la maternidad en España. Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de mujeres de más de 35 años. En 2012 hubo el triple de embarazos en mujeres de más de 40 años que en 2000. Y la tendencia, con el desarrollo de las técnicas de fecundación asistida, va en aumento. Aunque no vamos a entrar en las posibles causas y consecuencias, es indudable que en pocos años veremos (ya estamos viendo) padres y madres de hijos adolescentes, con edades cercanas a los 60 años, edad a la que no siempre se tienen las fuerzas para enfrentarse adecuadamente a los conflictos y dificultades que frecuentemente surgen con los hijos en esta etapa, sobre todo, si se ha ido postergando la tarea de inculcar la necesidad de unas normas y la educación en la responsabilidad y el respeto.

Imagen de Dreamstime.com
Paralelamente, en nuestro país se está incrementando el número de agresiones de menores a sus padres. Según el estudio  de The Family Watch "Menores violentos ¿Un tema menor? Violencia filioparental y uso indebido de la tecnología", presentado en junio de este año, la violencia ejercida por los hijos menores de edad sobre sus padres ha aumentado un 223 por ciento en España desde 2007 a 2014.

Entonces, ¿cómo puede ser que muchos niños y adolescentes (sin querer generalizar) estén mejor atendidos, mejor cuidados, mejor protegidos que nunca y, sin embargo, se produzcan más agresiones y malos tratos hacia los padres que nunca? Aunque no es una respuesta sencilla, ni tiene una causa única, en nuestra opinión algo tiene que ver en ello: "más" no siempre quiere decir "mejor". En otras palabras: dar a los hijos todo lo que quieren no implica que eso sea lo que necesitan, ni lo que les conviene.

Volvamos, entonces, al título de la entrada: ¿Dónde está el límite entre un niño mimado y un tirano? Diríamos que un niño mimado y más tarde excesivamente mimado acabará, posiblemente, convirtiéndose en un tirano. Los niños a partir de los 3-4 años intentan "medir" su poder frente al de sus padres, se empeñan en que se les compren golosinas o juguetes, en hacer lo que les apetece y en no hacer lo que les pedimos... Y si no consiguen lo que quieren, rabieta al canto. Es una forma de llamar la atención y forzarnos a conseguir sus deseos. Pero muchas veces cedemos por distintas razones: por evitar el escándalo en un lugar público (véase centro comercial, kiosco, etc.) o simplemente porque no tenemos ganas de jaleos y buscamos un poco de tranquilidad. El problema es que, cediendo en estos casos, reforzamos el comportamiento del niño o la niña, quien acaba aprendiendo que, si se enrabieta lo suficiente, terminará por conseguir lo que quería. Y según va creciendo en edad, sus rabietas y exigencias se van volviendo más fuertes y sus presiones, más intensas.
Imagen de es.123rf.com

¿Y cuáles son las características de un niño excesivamente mimado o tirano? No todos presentan exactamente las mismas características y/o en el mismo grado, pero en general, el niño muy mimado:

  • Reclama constantemente la atención de los demás, pues se cree el centro del mundo y espera que satisfagan inmediatamente sus deseos.
  • Se siente frecuentemente enfadado y ansioso, pues no siempre consigue lo que quiere. Además, está casi siempre insatisfecho, porque, en cuanto lo consigue, pide algo distinto.
  • Tiene baja tolerancia a la frustración, la incomodidad, el aburrimiento o a no conseguir inmediatamente lo que ha pedido.
  • Es poco empático, no puede ver cómo afectan sus conductas a los demás, ni reconocer que pueden sufrir por su causa.
  • Desafía constantemente las normas que se le quieren inculcar, pues las ve como una imposición externa con la que no está de acuerdo. Además, tiene poca tolerancia al castigo, entre otros motivos porque la culpa siempre es de los demás y sus propias conductas siempre tienen justificación.

Todo esto respecto a un niño muy mimado. Pero en el ámbito de la Psicología,aunque no hay un criterio universal, se suele considerar que el niño tirano, o niño con el "síndrome del emperador" ha traspasado ese terreno, para llegar al maltrato filioparental: hijos que maltratan a sus padres psicológicamente, amenazan, insultan, tiran objetos, dan golpes a paredes, puertas y muebles, e incluso, que los agreden físicamente. Puede parecer un problema de poca importancia, pero, mientras en el año 2008 se produjeron 2.000 denuncias, en 2015 se registraron 10.000. Solo en 2013 se iniciaron 4.659 procedimientos a jóvenes mayores de 14 años por este tipo de sucesos. Y hay que tener en cuenta que muchos casos no se denuncian por vergüenza y que los menores de 14 años en España no tienen responsabilidad penal, por lo que están excluídos de esta estadística. En España se producen al año unas 400.000 agresiones de hijos a sus padres y, según el psicólogo Javier Urra, el 13% de los jóvenes entre 12 y 18 años maltrata física o verbalmente a sus padres.

¿Cómo evitamos, entonces, llegar a este extremo? ¿Y qué hacemos si ya nos encontramos en él? Lo veremos en la siguiente entrada de nuestro blog.

Área de Psicología - Clínica Panaderos

domingo, 6 de noviembre de 2016

Duchar o bañar, pero no afeitar..., dice la OMS

La OMS recomienda 29 formas de detener las infecciones quirúrgicas y evitar microorganismos multirresistentes

Según nuevas directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) destinadas a salvar vidas, reducir costos y detener la propagación de microorganismos multirresistentes, quienes vayan a someterse a intervenciones quirúrgicas deben bañarse o ducharse, pero no hay que afeitarlos, y para prevenir infecciones solo se les deberían administrar antibióticos antes y durante la intervención, pero no posteriormente.

Las Directrices mundiales para la prevención de infecciones quirúrgicas contienen una lista de 29 recomendaciones concretas hechas por 20 de los principales expertos mundiales a partir de 26 revisiones de las evidencias más recientes. El objetivo de las recomendaciones, que también se han publicado hoy en la revista The Lancet Infectious Diseases, es hacer frente a la creciente carga de infecciones asociadas a la atención sanitaria tanto para los pacientes como para los sistemas de salud.
Imagen de es.123rf.com

“Nadie debería enfermar al buscar o recibir atención”, dice la Dra. Marie-Paule Kieny, Subdirectora General de la OMS para Sistemas de Salud e Innovación. “La prevención de las infecciones quirúrgicas nunca ha sido más importante, pero es compleja y requiere diversas medidas. Estas directrices son un valioso instrumento para proteger a los pacientes”.

Las infecciones quirúrgicas, causadas por bacterias que penetran a través de la incisión, ponen en peligro la vida de millones de pacientes cada año, y contribuyen a la propagación de la resistencia a los antibióticos. En los países de ingresos bajos y medianos, un 11% de los pacientes operados sufren infecciones. En África, hasta un 20% de las mujeres sometidas a cesárea sufren infecciones de la herida que comprometen su salud y su capacidad para cuidar a los hijos.

Pero las infecciones quirúrgicas no son un problema únicamente para los países pobres. En los Estados Unidos de América contribuyen a que los pacientes pasen 400 000 días más en el hospital, con un costo adicional de US$ 900 millones al año.

Prevención de las infecciones antes, durante y después de la intervención

Las directrices contienen 13 recomendaciones para el periodo prequirúrgico y 16 para prevenir las infecciones durante y después de la intervención. Dichas recomendaciones van desde simples precauciones, como bañar o duchar al paciente antes de la intervención o la mejor forma de que el equipo quirúrgico se limpie las manos, hasta orientaciones sobre cuándo utilizar antibióticos para prevenir las infecciones, los desinfectantes que hay que emplear antes de la incisión o las suturas que hay que usar.

“Antes o después, muchos de nosotros necesitaremos una intervención quirúrgica, pero nadie quiere contraer una infección en el quirófano”, dice el Dr. Ed Kelley, Director del Departamento de Prestación de Servicios y Seguridad de la OMS. “Aplicando estas nuevas directrices, los equipos quirúrgicos pueden reducir daños, mejorar la calidad de vida y contribuir a detener la propagación de la resistencia a los antibióticos. También recomendamos que los pacientes que vayan a ser intervenidos le pregunten al cirujano si va a seguir las recomendaciones de la OMS”.
Superbacteria Staphylococcus aureus - Imagen de CDCP PHIL

Hasta ahora no había directrices internacionales basadas en evidencias y la interpretación de las evidencias y recomendaciones de las directrices nacionales no era uniforme. Las nuevas directrices de la OMS son válidas para todos los países, adaptables a las circunstancias locales y tienen en cuenta la firmeza de las evidencias científicas, los costos y recursos necesarios, y los valores y preferencias de los pacientes. Por otra parte, al ofrecer recomendaciones más detalladas sobre la prevención de las infecciones, complementan la popular Lista de verificación de la seguridad quirúrgica publicada por la OMS.

Detención de la propagación de la resistencia a los antibióticos

Otro hecho importante es que las directrices recomiendan que para prevenir infecciones solo se utilicen antibióticos antes y durante la cirugía, una medida crucial para detener la propagación de la resistencia a los antibióticos. Al contrario de lo que es habitual, no se deben utilizar antibióticos después de la cirugía.

Los antibióticos son medicamentos utilizados para prevenir y tratar las infecciones bacterianas. La resistencia se produce cuando las bacterias sufren cambios a consecuencia del uso de estos medicamentos. La resistencia aparece de forma natural con el tiempo, pero el uso inapropiado de los antibióticos en los humanos y los animales está acelerando rápidamente el proceso.

La resistencia a los antibióticos está poniendo en riesgo los logros de la medicina moderna. Sin antibióticos eficaces para prevenir y tratar las infecciones, la quimioterapia del cáncer, las intervenciones quirúrgicas como la cesárea o las prótesis de cadera, y los trasplantes de órganos se volverán mucho más peligrosos y aumentarán las estancias en el hospital, los costos médicos y la mortalidad.

Muchos estudios revelan que aplicación de diversas medidas preventivas reduce significativamente los daños de las infecciones quirúrgicas. Un estudio piloto realizado en cuatro países africanos mostró que la aplicación de algunas de las nuevas recomendaciones podría reducir las infecciones quirúrgicas en un 39%. Sobre la base de estos ejemplos de éxito, la OMS está elaborando una guía y una serie de herramientas que ayudarán a las autoridades nacionales y locales a poner en práctica las recomendaciones.

Si quieres acceder al documento completo, pulsa en este enlace (documento PDF en inglés, 184 páginas, 1,43 Mb). Y si quieres saber cómo puedes ayudar a nivel personal para que no aumente la resistencia a los antibióticos, puedes leer esta entrada de nuestro blog.